Las Diputaciones provinciales aparecen por primera vez en 1812, con la Constitución de Cádiz. Tenían su razón de ser: entes intermedios entre el Estado y los municipios. Llegó la Constitución de 78, llegaron las Autonomías y las Diputaciones seguían allí. Se crearon las Subdelegaciones del Gobierno central y las Delegaciones territoriales de los gobiernos autonómicos y las Diputaciones seguían ahí. Se crearon Mancomunidades, Comarcas y seguimos con las Diputaciones. Las Diputaciones se fueron vaciando de contenido: hoy se limitan a tareas de asesoramiento a los pequeños municipios y a los planes de gestión de obras. Y para ello necesitan un Presidente, un Vicepresidente primero, un Vicepresidente segundo y un Vicepresidente tercero y un montón de diputados provinciales, todos ellos retribuidos magníficamente con dinero público. Y esto no es una opinión sino un dato objetivo y comprobable. Entre los diez políticos mejor pagados de este país hay cuatro presidentes de Diputaciones provinciales. Las Diputaciones son un claro ejemplo de los absurdos con los que nos encontramos en la Administración pública. En cualquier organismo, privado o público, una empresa, un club de fútbol o un criadero de gambas, lo lógico, lo razonable es que si disminuyen las responsabilidades de sus gerentes, haya un aligeramiento de la estructura y una revisión salarial ajustada a la nueva situación. En el caso de las Diputaciones ha sucedido lo contrario: conforme perdían competencias, aumentaba el salario de los responsables políticos. Que un presidente de Diputación cobre más que un consejero Autonómico o que un Ministro es irracional. Lo que encabrona al personal es ver que las leyes de la lógica no se aplican en la Administración. No hay ningún tipo de criterio uniforme para asignar salarios, coches, casas, planes de pensiones o lo que sea que decidan asignarse. Lo hacen al tuntún o a la buena de Dios. Y lo más absurdo del asunto es que todas las instituciones tienen un responsable de Modernización. Con dos cojones. Tenemos despilfarro para rato porque para eliminar las Diputaciones habría que reformar la Constitución y con la tropa política que tenemos eso no ocurrirá en los próximos diez siglos, como mínimo. Hay que colocar como sea a los del partido y a sus familiares y adeptos. Clientelismo y caciquismo. Por los siglos de los siglos. España.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
sábado, 24 de julio de 2010
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1 comentario:
Para colocar a los del partido se han creado las empresas públicas, como por ejemplo la de extinción de incendios en Aragón llamada SODEMASA. Los políticos no es que sean inútiles, es que son dañinos.
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