Me trago en la página web del PSOE la homilía de Zapatero en Elche frente a miles de fieles y algunos forofos. Hay curas que tienen labia y aunque no convencen, entretienen con las florituras de su discurso, con una magnífica modulación de la voz. Pero Zapatero ni convence ni entretiene. Habla a trompicones, con un discurso anodino, plagado de repeticiones y lugares comunes. Sus gestos, descoordinados. Seguramente porque cuando era niño, en los colegios no se impartía ni psicomotricidad ni expresión corporal. Aburre, salvo a los abducidos, a pesar del decorado, el atrezo y la clac. Siempre la misma película: banderas, unos cuantos exaltados gritando ¡guapo! y el “gingle” machacón, el chunda chunda de la música para vendernos la burra. Cualquier vendedor de crecepelo tiene más poder de convicción. El mismo discurso, sin cambiar una coma, sólo los nombres de personas y de partido, lo podría haber pronunciado Rajoy o el presidente de Gorras El Pirulo en la asamblea anual de su empresa. Sin embargo, viendo la cara de Zapatero, se nota que cree que lo que está diciendo es importante, que él es importante y que está convencido de que tiene una misión en la vida: salvar a España. Creo que padece algún tipo de síndrome, no sé si el de la Moncloa o el del PSOE. Si uno está todo el día rodeado de aduladores y de palmeros, llega a creerse lo que no es. Cómo no van a aplaudir los que le circundan si su trabajo o su inclusión en las listas dependen de la permanencia de Zapatero. El presidente necesitaría un poco de aire fresco, escuchar el runrún de la calle, directamente, sin pasar por el filtro de los pelotas y lameculos. Para evitar problemas de seguridad, debería disfrazarse, como los reyes de los cuentos, y frecuentar, solo, bares y talleres, parques y jardines, polígonos industriales y residencias de ancianos. Así llegarían a sus oídos otras melodías, muy diferentes de las que le susurran todos los días. Tal vez se daría cuenta, al igual que en el cuento del rey desnudo, de que aunque hasta entonces todos han alabado la hermosura de su traje, la realidad es que va en pelota picada. Enarcaría las cejas al darse cuenta de lo engañado que lo han tenido durante tanto tiempo.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
sábado, 24 de julio de 2010
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