“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

sábado, 24 de julio de 2010

Porqueros, poceros y peluqueros

Todos los políticos del PSOE nos interpretan estos días la misma solfa, enviada desde Ferraz para atontar al personal. Como todos los periódicos, incluido este, hablan de lo mismo, no voy a insistir. El repertorio se limita a unas cuantas frases superficiales, sin sustancia: “España no es Grecia. La crisis es coyuntural. No nos importan los votos, nos importa España; y el PP no aporta alternativas serias”. Pero si Zapatero ha dicho en el Consejo de ministros que “hoy no toca hablar de subirle los impuestos a los ricos”, yo les digo a ustedes que hoy no toca hablar del asunto principal sino de los daños colaterales. Hoy quiero hablarles de Leire Pajín y de las tontadas que dice. En una arenga en Alicante ha asegurado que el problema no son los regalos que un político pueda recibir sino "de quién los reciba, cómo y a cambio de qué". Puro blablablá. Yo afirmo que el problema sí son los regalos. No importa de quién los reciba ni a cambio de qué. En la vida pública, los regalos nunca son gratuitos. Cuando el banco te regala unas sartenes o dos platos, te lo sisa de los intereses. Cuando el PSOE te obsequia con camisetas, bolígrafos o un viaje a Zaragoza para aplaudir a Zapatero, es porque quiere comprarte el voto. Como ven, incluso los regalos de poco valor tienen una intencionalidad perversa. Imagínense aquellos de más valor como son las cestas de Navidad llenas de botellas y de jamones con denominación de origen Teruel, trajes de Milano, relojes de doce mil euros o un Jaguar que le “prestaban” a un portavoz socialista para ir a “trabajar” al Congreso. O esas cosas raras que hace José Bono: El Pocero le hace unas obras en su hípica. Las obras las paga Porcelanosa. Y Bono dice que son una contraprestación por publicidad. No me digan que no es enrevesada la cosa. La transparencia de la que tanto presumen los socialistas. Así que yo sostengo que el simple hecho de recibir un regalo es una indecencia en un cargo público. Me da igual qué político lo reciba, cómo y a cambio de qué publicidad. Afirmar lo contrario o adornarlo con florituras, es marear la perdiz, la que por el pico se pierde, lo diga Agamenón o su porquero, Bono o su pocero, Leire Pajín o su peluquero.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado

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