“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

sábado, 24 de julio de 2010

Mal cuerpo jurídico

Hace dos meses, don Vicente Guillén, diputado del PSOE por Teruel, escribía lo siguiente en su blog: “La vicepresidenta 1ª del Gobierno compareció el martes pasado en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados. Una comparecencia en la que quedó en evidencia la solidez, el sentido de Estado y la fiabilidad del Gobierno frente a la demagogia”. Más adelante añade: “Se acordaron en el ámbito de la Función Pública cincuenta medidas. Así se acordó el pacto retributivo que incrementaba los salarios de los funcionarios públicos un 0,3% en 2010. Y ese compromiso se va a cumplir porque los pactos están para ser cumplidos, como siempre ha sido según el cuerpo jurídico español y la costumbre de nuestro país”. No sé muy bien a qué o a quién se refiere por el cuerpo jurídico español, pero eso es lo de menos, aunque el señor Guillén es licenciado en Derecho y debería ser más preciso en sus expresiones. Lo que realmente importa es lo que dice de la demagogia y de que los pactos deben ser cumplidos—pacta sunt servanda—, según los principios del Derecho. Han sido suficientes dos meses para que el señor diputado se haya quedado con el culo al aire. Eso le pasa por prometer algo que no depende de su voluntad. Ahora deberá pedir explicaciones a Zapatero y al Gobierno y renunciar a sus escaño si no rectifican las medidas económicas que acaban de tomar. Y no cabe que le den por respuesta que al principio de que los pactos deben cumplirse, hay que añadirle la cláusula “mientras estén así las cosas”—rebus sic stantibus—porque en tan poco tiempo no han podido cambiar tanto las circunstancias. Y si en el momento de celebrarse el pacto, una de las partes, el Gobierno, ocultó información que impedía el cumplimiento de lo pactado, nos encontramos en un supuesto mucho más grave: que una de las partes ha obrado de mala fe. Cabe una tercera posibilidad: que el Gobierno no se entera de nada, no sabe ni lo que firma. Menudo marrón le han endiñado a nuestro paisano don Vicente Guillén. Si se une a las manifestaciones que han convocado los sindicatos, tal vez podamos entre todos conseguir que el Gobierno cumpla lo pactado.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado

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