“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 25 de noviembre de 2016

Los minutos de silencio

Se ha muerto Rita Barberá. Y no es motivo de alegría. Alegrarse de la muerte de una persona es ser mala persona. Pero si yo hubiera sido diputado en Madrid también me habría ausentado en el momento del minuto de silencio: Rita Barberá era una política cuyas ideas y actuaciones públicas me repelían. Cuando yo estire la pata, a mí funeral vendrán algunos que echarán alguna lagrimilla y otros muchos que no moverán el culo del sofá. Espero que nadie se alegre cuando yo casque, pero si lo hace tampoco pasa nada. La libertad consiste en eso: en que nadie impida a nadie hacer lo que le dé la gana, siempre que sea algo legal. Que los demás partidos hayan querido guardar un minuto de silencio en el Congreso de los Diputados, me parece bien; que Podemos haya dado el pésame a los familiares y amigos de la señora Barberá y después se ha ausentado del hemiciclo durante el minuto de silencio, también me parece bien. Y ni uno cosa ni la otra son criticables ni deberían ser noticia. Lo que sí me ha resultado incoherente es la actitud de Podemos: en el Congreso no han guardado un minuto de silencio pero sí en el Senado. Seguramente porque el Senado era el “centro de trabajo” de doña Rita. Pero eso no tiene mucha lógica. Yo he sido responsable de recursos humanos durante muchos años y cuando se moría un empleado, ya fuera la directora general o el limpiador de cristales,  no se le pedía a la plantilla que guardara un minuto de silencio. Los únicos minutos de silencio que se guardaron en las empresas en las que trabajé fueron por asesinatos salvajes como el de Miguel Ángel Blanco. Pero la señora Barberá ha muerto por un infarto, no por una muerte violenta, por mucho que algunos y algunas, como Celia Villalobos,  digan que los medios condenaron a muerte a la senadora. Cuando en 2010 yo sufrí un infarto que estuvo a punto de enviarme al hoyo, el cardiólogo no le echó la culpa a los que me llamaron de todo en el Diario de Teruel y en las redes sociales, sino a los treinta kilos que me sobraban, a los casi dos paquetes de tabaco que me fumaba, a las cervezas y al vino.

Evaristo Torres Olivas

jueves, 24 de noviembre de 2016

Bienaventurados

No sé si es bueno que a uno lo quiera todo el mundo todo el tiempo. Mi experiencia me dice que eso solo pasa con las personas con discapacidad intelectual, con quienes nunca opinan sobre política, nunca hablan de ricos y pobres, explotados y explotadores y se mantienen al margen de todo aquello que pueda suscitar algún tipo de polémica; personas que no se alinean  en ningún bando, y si lo hacen es en aquel que en el que milita todo el mundo y a nada compromete: el amor a la tierra, a los pajaritos, a la vida sencilla y a la familia.  El Beatus ille. Y puede ser que también pase con  algún hombre bueno, en el buen sentido de la palabra. Sé que José Iranzo, el Pastor de Andorra,  no pertenecía a la categoría de los discapacitados, ni físicos ni mentales: era un hombre fuerte, sencillo e inteligente.  Y con una voz prodigiosa, según cuentan los entendidos. Una voz salvaje, hermosa. Tras su muerte, todo han sido elogios, en todos los periódicos, de la derecha a la izquierda, pasando por el centro. Lo han elogiado  el PP, el PSOE,  Podemos e IU. Y todos con palabras idénticas. Lo que dijo Fraga de él lo sostendrían hoy Rudi, Lambán, la alcaldesa de Andorra, de Izquierda Unida o Violeta Barba, de Podemos. Echenique ha hecho bien en no pronunciarse porque si lo hace y se entera Jiménez Losantos—  el xenófobo, el insultón, el maleducado— lo manda para Rosario, Argentina. Cualquiera de esos, de cualquier partido, no dudaría en afirmar que José Iranzo es uno de los suyos. Y ha habido unanimidad a la hora de darle premios en el pasado y la habrá de ahora en adelante. Seguramente se lo merece todo por ser un hombre bueno. Pero no estoy seguro de que habría habido tanta unanimidad en todo si en lugar de cantar palomica, palomica, no levantes tanto el vuelo, porque te saldrás de España y no sabrás volver, hubiera cantado que de los pobres nunca hay un amigo, hay un  amigo siempre de los más ricos, que a esos les llevan agua y cordericos. O si le hubiera cantado una jota a Endesa para que dejara de joder a los mineros. Y es que a los poderosos no les gustan los rebeldes y desobedientes. Bienaventurados los mansos.

Evaristo Torres Olivas

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los de los ocho apellidos

“Gentuza, gentuza de Podemos, penoso sujeto venido de Argentina que  se aprovecha de la legalidad para robar o no pagar. Analfabeto funcional, analfabeto total, vete a cantar la minga Dominga a tu Argentina natal. Argentino renegado, gentecilla. Echeminga, Echeminga Dominga,  Echemongo, Echemingo revulgo. Estrecha cabecita, so analfabeto, defraudador fiscal, merlucín. Perdulario, argentino oportunista, leninista fascista, alguien entre el Che Guevarra y la Mistinguett.  Si hubiera un concurso de mamarrachos tú quedarías segundo, el primero, naturalmente,  Coleta Morada”. Esto y mucho más le dice  Federico Jiménez Losantos, en su programa de radio, a Pablo Echenique. Federico, el de Orihuela del Tremedal, provincia de Teruel. Pero lo triste no es que una persona xenófoba, grosera y maleducada como Jiménez Losantos pueda decir lo que dice, que para eso está la libertad de expresión, sino que triunfe en la radio, en las televisiones y en los periódicos con ese discurso. Lo cual nos deja en muy mal lugar como pueblo, en general. La gente como él debería ser ignorada, rechazada por los ciudadanos, porque una cosa es la crítica y otra el insulto, la descalificación y la incitación al odio. Para Jiménez Losantos, Echenique, por haber nacido en Argentina, a lo único que tiene derecho es a estar agradecido con Aragón, con España, con la Seguridad Social,  con Agustina de Aragón y con Palafox . Y si algo no le gusta, que se vuelva a Argentina, que España es de los españoles, de los que han nacido en Logroño o en Orihuela del Tremedal. Pero si eres de Rosario, Argentina, de Nandoumary, Senegal o de Rehiyene, Marruecos, a lo único que puedes aspirar es a ser explotado, odiado y despreciado por los autóctonos, los que tienen ocho apellidos del terruño. Personas como el de Orihuela, desde sus atalayas mediáticas emponzoñan la convivencia. Y también los que los jalean, como José Antonio Virto en una columna del Diario de Teruel del pasado día 22.


Evaristo Torres Olivas