“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 9 de octubre de 2026

Un íntimo timo

Leo en la prensa que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, va a publicar un libro el próximo 2 de diciembre. Íntimo, se titula. Me muero de ganas de leerlo durante las próximas fiestas navideñas. No me lo voy a comprar, no quiero contribuir a aumentar su cuenta bancaria. Pediré que me lo presten o lo recogeré de la basura si alguien lo tira, cosa más que probable. La oratoria de Ayuso no destaca por su elocuencia sino por todo lo contrario. Cuesta creer cómo una amante de los áticos no se haya inspirado en los áticos (filósofos y grandes oradores de la región de Ática). Tampoco se entiende que una persona tan limitada intelectualmente haya escrito un libro de 360 páginas en mes y medio, en los descansos de los incendios de Madrid del pasado verano. Algo tendrán que ver Miguel Ángel Rodríguez, MAR, y la media docena de "negros" (personas que trabajan anónimamente para lucimiento y provecho de otro). Seguro que el libro aparece en las estanterías de los supermercados de toda España junto a las revistas del corazón. Yo agradezco esa presencia porque me indica qué libros y revistas no debo comprar. Siempre paso por esa zona cuando voy al súper; después, por la frutería, porque “me gusta la fruta”, y la pescadería para despedirme de la dorada, “chao pescao”.

Evaristo Torres Olivas


miércoles, 7 de octubre de 2026

Buitres y buitras

Publicado en el DdT 09/10/2026 

Asistí el domingo a la manifestación en Teruel convocada por la Asamblea de Vivienda. Un encuentro justo y necesario. Sursum corda, levantemos el corazón. Lo diga el cura en la misa o el sursuncorda. Exigir que se cumpla la Constitución y apoyar a las personas que lo necesitan debería ser una obligación para todos. Dicho esto, quiero resaltar algunas cosas que deberían mejorar. En esta época de lo políticamente correcto, quienes intervenían con micrófono en mano cuidaron el desdoblamiento léxico: ciudadanos y ciudadanas, inquilinos e inquilinas. En algunos casos incluso se recurría al femenino como genérico. Pero a la hora de insultar, no hay desdoblamiento que valga. Los malos eran siempre masculinos: “Son unos perros al servicio de los poderosos”, gritaban, en lugar de son unos perros y perras al servicio de los poderosos y poderosas.  Y hablando de insultos, podrían haberle echado algo más de creatividad e imaginación para evitar expresiones como “la escoria fascista y ultraderechista”. También me resultó fuera de lugar un reiterado grito: “Rentistas, hijos de puta”. Estamos acostumbrados a que el ministro Puente llame al presidente “el puto amo”, pero nunca dirá que una ministra es la puta ama. Ayuso llama a Sánchez “hijo de puta”, pero nunca hijo de puto. Ahí tampoco hay desdoblamiento que valga. Otra cosa que me llama la atención es llamar “fondos buitre” a estos fondos especulativos. ¿Qué culpa tienen los buitres en todo esto? Los buitres son aves que cumplen una función ecológica para eliminar cadáveres y evitar la propagación de enfermedades. Al comparar los fondos con los buitres, se les hace un favor: los inquilinos serían carroña que hay que eliminar para preservar la salud de la sociedad. No hace falta ser un lince macho o hembra (linza, que diría la exministra socialista Bibiana Aído, inventora de la palabra miembra) para darse cuenta de tales despropósitos.

Evaristo Torres Olivas

jueves, 1 de octubre de 2026

Una pila de nombres

Publicado en el DdT 03/10/2026

Hace unos días, uno grupo de amigos hablamos sobre los nombres de pila. Una de las presentes iba a ser madre en unos meses (y yo abuelo de mi tercer nieto). Se habló de nombres feos y de nombres bonitos; de nombres cortos y largos, españoles y “mucho españoles” y de otros extranjeros. Yo considero que no hay nombres agradables o desagradables, todo depende de la frecuencia de uso, la época y de la persona que lo lleva. Nombres en apariencia poco atractivos como Dolores o Angustias, debido a su abundancia (el segundo, especialmente en Granada) nos parecen bien. Lo mismo pasa con los nombres masculinos y femeninos. Hay algunos que no nos suenan raros. Julio y Julia, Luis y Luisa, Antonio y Antonia; pero qué decir de Teresa y Tereso, Magdalena y Magdaleno, Margarita y Margarito. En cuanto a la época, hace cincuenta años Hermenegildo, Salustiano, Evaristo, Sandalio, Redención, Patrocinio, Basilisa o Donatila eran considerados “normales”.  La desconexión religiosa en unos casos y la ideológica en otros (por ejemplo, Acracia y Progreso) han conseguido que muy pocas personas se llamen así. La persona que lo lleva también influye mucho. Yo tuve un jefe que se llamaba Gabriel. Mala persona, egoísta, violento. Evocar ese nombre me producía escalofríos. Años más tarde conocí a una mujer de nombre Gabriela: buena, inteligente, dulce. Gabriela desde entonces me parece un nombre que no me importaría poner a una nieta. Otra moda actual son los nombres importados de los Estados Unidos, debido a la invasión cultural del cine, la música y las series. Nancy, Dylan o Kevin son hoy frecuentes. Finalmente, está la proliferación de los nombres cortos, hipocorísticos, registrados como oficiales: Nico, Álex, etc. Tal vez dentro de unos años se acepten los hipocorísticos de los hipocorísticos: Ni y Al. En eso nos pareceremos a los chinos. De niño tuve un amigo chino, Woo, a quien mi madre llamaba Guau, por parecerle palabras homófonas. Y hablando de confusiones, cuando yo llegué a Alemania, donde permanecí unos años, un compañero de trabajo me presentó a un amigo y su perro pastor alemán: Wolfgang y Oskar, me dijo. Por similitud con el inglés wolf, lobo, yo creí que Wolfgang era el nombre del perro y Oskar el del dueño. Pero estaba equivocado. Hice el ridículo cuando acaricié al chucho y le dije cómo estás Wolfgang, ante las risas de los alemanes.

Evaristo Torres Olivas