“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 28 de septiembre de 2026

Chacha, chichi, chocho

El lenguaje ha sido, y sigue siendo en muchos casos, sexista y denigrante para para mujeres. Decimos que una película o un libro malos son un coñazo y si nos gustan los calificamos de buenos de cojones. Un zorro es un hombre astuto y una zorra, una prostituta. Y así muchos ejemplos más. Hace unos días, Blanca Herreros, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de León, ha calificado como “chochocharlas” los encuentros relacionados con el género y ha pedido que se les retiren las subvenciones.  Está claro que el lenguaje soez está muy arraigado en nuestros y nuestras políticos y políticas. Basta recordar al “puto amo” del ministro Puente o al “hijo de puta” de la presidenta Ayuso para referirse a la misma persona. Yo sugiero, ya que es difícil eliminar el vocabulario grosero, que al menos sea inclusivo. Que recurran al desdoblamiento, a los términos neutros y a otras alternativas. Estas otras posibilidades no incluyen al uso de la “e”, la “x” o la “@”: polítiques, politicxs y polítiqu@s. Supongamos que un miembro, no miembra, de un partido interviene en un parlamento y quiere clasificar las palabras de la oposición como tonterías. Debe decir “chuminadas y soplapolleces”; eso es el desdoblamiento. O todavía mejor: “Señoría, sus argumentos son de “chichinabo”. Otro día les hablaré de las alternativas para que una mujer deje de decir que “el olor de este perfume es penetrante” o que un hombre evite afirmar que “lleva unos meses que chochea mucho”.

Evaristo Torres Olivas

viernes, 25 de septiembre de 2026

Las payasadas de los políticos

Publicada en el Diario de Teruel 27/09/2026

La política con frecuencia es un espectáculo; un circo, para ser más preciso. En los parlamentos, en los debates, en las tertulias, salen lo políticos a hacer el payaso. Pero, desgraciadamente, no han estudiado interpretación, ni han asistido a cursos de clown. Creen que una imagen, un objeto vale más que mil palabras y se lanzan a hacer el ridículo.  Así tenemos a Pilar Alegría mostrando ocho veces el mismo cartel en un debate, a Rufián con una impresora en el Congreso y a otros muchos luciendo camisetas con las consignas de su partido. Algunos se pasan, mostrando objetos peligrosos, como Albert Rivera o Ayuso sacando un adoquín. Si lo comparamos con otros políticos de fuera, como Milei y su motosierra, no revisten tanta importancia. Cierto que en España tuvimos a Tejero pegando tiros en el Congreso, pero no era político. Las cosas han cambiado en los últimos días: una diputada del PP, Ana Vázquez, se quiso hacer la graciosa con un spray de pimienta que ha terminado con 12 personas atendidas por los médicos y varias zonas del hemiciclo precintadas. A mí no me hubiera extrañado que Ayuso, adoctrinada por Miguel Ángel Rodríguez, MAR, apareciera en la Asamblea de Madrid con un peluche de un perro, dada su experiencia con Pecas, chucho de Aguirre, y dijera que era su nueva mascota que se llama Sanxe, Perro Sanxe; o un muñeco de Pinocho al que presentaría como Pedro I, el Mentiroso, como llama Luis del Val al presidente en su última columna en el Diario de Teruel.  Pero todo tiene un límite. Con ciertas cosas no se puede hacer el payaso. Entre decir que te gusta la fruta, mostrar ocho veces el mismo cartel o exhibir una impresora y blandir una motosierra, una pistola o un spray de pimienta hay una enorme diferencia. Hay payasadas que no son admisibles en una democracia.

Evaristo Torres Olivas 

  

domingo, 20 de septiembre de 2026

Los opinadores

 Me gusta leer las páginas de opinión de los periódicos, especialmente a los y las columnistas. Eso no quiere decir que comparta sus opiniones, pero eso no es lo importante. Los buenos columnistas, al margen de su ideología, suelen escribir muy bien. Hay periodistas, escritores y expertos en otras materias que te enseñan muchas cosas que intentas imitar o rechazar. Pondré dos ejemplos muy diferentes para que se entienda mejor. Sigo a Arturo Pérez- Reverte y David Torres, dos polos opuestos. Me gusta cómo escriben, su sintaxis, el respeto a la ortografía, etc. En algo coinciden y que no comparto: el recurso al insulto grueso. Hay otros que escriben bien, pero que agotan porque siempre hablan de lo mismo. Es el caso de Juan Vicente Yago, que ya va por la entrega veintisiete de sus Memorias del escritor sin “éxito” en la página de opinión de Diario de Teruel. Otro caso en el mismo diario es el del doctor Joan Izquierdo y sus escritos que titula ¡DOCTOR, DOCTOR! La diferencia está en que Yago escribe bien e Izquierdo escribe muy mal. Tal vez la culpa de que sus escritos aburran no sea suya sino del periódico. Aparecen en la sección de opinión, ya de por sí reducida a un espacio muy limitado. Sugeriría que al igual que el diario tiene secciones dedicadas a la psicología, a los toros o a los colaboradores del Instituto de Estudios Turolenses, habilitara una sección o un suplemento de medicina y de escritura. Hay un tercer grupo de columnistas y opinantes que ni dominan el tema del que hablan ni escriben bien y además hacen del insulto su argumento principal. Es el caso de Luis del Val. Ni sabe de lo que habla y además escribe muy mal. En la última columna, PSOE: concurso de acreedores, además de sus repetidos insultos, incurre en una docena de errores ortográficos, sintácticos y de vocabulario. Algo que ningún periódico se atrevería a publicar en una carta al director, a Luis del Val, que se las da de periodista y escritor, se le permite una y otra vez.

Evaristo Torres Olivas