“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 16 de enero de 2017

Los principios y las corbetas

El rey Borbón ha viajado a Arabia Saudí en visita oficial. Se dice que para apoyar la firma de un contrato para la construcción por parte de Navantia de cinco corbetas para la armada saudí. Esta firma garantizaría el trabajo durante cinco años a los astilleros de San Fernando, Cádiz. Kichi, alcalde de Cádiz, apoya la firma de este importante acuerdo. Arabia Saudí, como todo el mundo sabe, es un país pobre, muy pobre, pacífico, donde a las mujeres se las lleva en palmitas, se respetan los derechos humanos y la libertad de expresión está garantizada. Pero imaginemos por un instante  que no fuera así. El alcalde Kichi,  miembro, junto a su pareja, Teresa Rodríguez, de la corriente Anticapitalistas de Podemos, nunca accedería a firma de ese acuerdo. Porque ni Kichi ni Teresa, que defienden un Podemos feminista, permitirían que se llegara a nada con un país que trata a las mujeres como si fueran ganado. Ya me imagino al regidor, encima de una silla y gritando apasionadamente que “es preferible morir de pie que vivir de rodillas”. Yo no sé a santo de qué tiene que decir Errejón que "no se le puede cargar a un alcalde con la política exterior de un país", como si el alcalde de Cádiz hubiera hecho algo censurable e incoherente. Otro que tampoco sabe de lo que habla es un tal Bustinduy, secretario de Política Internacional de Podemos, que ha declarado, respecto de la visita del rey a Arabia Saudí,  que  “nuestros sectores clave de la economía no deben depender de esta lógica arbitraria, sino apoyarse sobre planes públicos de empleo y desarrollo sostenible, la modernización de las infraestructuras y la multiplicación de las capacidades productivas a partir de la I+D+i". Hablan como si Arabia Saudí fuera una dictadura y Kichi un alcalde veleta que entre los principios y las corbetas ha elegido las corbetas. Hablan como si Kichi y Teresa, miembros de la corriente de Podemos más radical hubieran renunciado a sus valores más queridos para que se revolvieran en sus tumbas Zapata, el Che y Pasionaria, tres revolucionarios a quien se les atribuye la sentencia esa de que es preferible morir  de pie que vivir de rodillas, aunque ninguno la pronunciara, por lo visto.

Evaristo Torres Olivas

jueves, 12 de enero de 2017

La burra es mía

Los humanos, con nuestra capacidad de hablar, podemos decir lo que nos dé la gana sobre cualquier cosa, seamos o no seamos expertos en la materia. No solamente podemos largar sobre lo que nos ocurre a nosotros sino a cualquiera del reino animal, sea persona o bicho, mamífero o reptil, arborícola o marino. Cuando las afirmaciones se hacen desde el estudio, siguiendo las reglas del método científico, es algo positivo ya que nos permite avanzar, progresar. Pero cuando se hace desde el interés, para justificar lo que atenta contra todas las reglas racionales y éticas, entonces estamos frente ante un comportamiento despreciable. Pongamos un ejemplo: muchos defensores de las corridas de toros argumentan que las banderillas, las puyas y las estocadas que recibe animal no le producen dolor porque el toro de lidia es una especie rara que además de tener cuernos, cuatro patas y rabo, no siente dolor. Para confirmarlo, se apoyan en la tesis doctoral de un biólogo. No importa que haya otros muchos estudios que concluyan lo contrario. O la simple evidencia: cualquiera que deliberadamente—hay que ser malvado—o accidentalmente le haya producido daño a un animal, ya sea perro, gato, vaca,  toro o caballo, habrá podido comprobar sus reacciones, que no son de placer, precisamente. En estos días circula por las redes este video en el que un torero-rejoneador mexicano, golpea salvajemente a uno de sus caballos. Llaman la atención los argumentos del “artista” para justificar semejante comportamiento: que los caballos son suyos y claro, con lo que le pertenece a uno se puede hacer lo que se quiera. Es el derecho al uso y al abuso de lo que es propiedad mía. Para esta gente, la propiedad se extiende al perro, al caballo, al esclavo o a la esposa si fuera necesario. Y si hay que buscar argumentos para enmascarar la barbarie, se dice que el toro no experimenta dolor y ha nacido para morir en una plaza, que el esclavo no es persona sino animal y que la mujer disfruta con  los golpes. Y cuando se rebaten sus afirmaciones acaban siempre esgrimiendo el argumento definitivo: la burra es mía y en la burra mando yo. Amén.

Evaristo Torres Olivas

miércoles, 11 de enero de 2017

Bibío y enzallao

Cambiar las costumbres y tradiciones no es algo que se consiga por decreto. Por ejemplo, los toros y la caza. Hoy hablaré de la caza. Mañana,  del arte del rejoneo y el “amor” a los caballos que tienen algunos. Escuchen este video. Es de Nochebuena en Canal Sur de Andalucía. Un programa de sevillanas y copla. Los cantantes, o cantaores, Salvador García y Paco Candela, con mucha emoción y sentimiento nos cuentan cosas que dan miedo: “Mi padre me enseñó a coger bien la escopeta, a apuntarle  y a tirarle al pato en la luna llena.  Cuando levantan la veda, no tengo ni padre ni madre, ni nadie que me someta,  cierro los ojos, compadre, y no veo más que escopetas”. Estas cosas las cantan con toda naturalidad, no tienen ningún remordimiento ni piensan que están haciendo algo malo. No quiero caer en sentimentalismos de tres al cuarto ni  hacer demagogia, pero tal vez la caza tuviera una justificación si se hiciera para alimentarse, como sucedía en muchas casas de pobres en la posguerra, en las que la única carne que le echaban a las patatas o al puñado de arroz era la que venía de la caza de alguna liebre, unas palomas o dos perdices. Y también podría tener sentido si se tratase de buscar el equilibrio que la naturaleza, a la que nos estamos cargando, no es capaz de establecer, y aparecen “plagas” de ciervos, de jabalíes o cualquier otro animal. Pero nada de eso se dice en esa canción; aquí vemos a un elemento que se vuelve tarumba, sueña con escopetas y pegar tiros y no hay ni dios que lo pare.  Le “gusta el olor del tiro”, aunque también podría perfectamente afirmar que le gusta el color de la sangre de los animales abatidos. Con el rasgueo de una guitarra y una voz bonita se pueden decir barbaridades enormes y hacer que a los que  escuchan les broten lágrimas como puños. Que eso nos pase con letras de idiomas que no entendemos se puede entender, pero cuesta más si se trata de nuestro propio idioma. De todas maneras, tal vez debido a que yo nací en un pueblo pero me marché de niño, no sea capaz de entender ciertas cosas del mundo rural. Y también es cierto que esa canción no es tan bestia como la de un colombiano llamado Maluma y que dice barbaridades sobre las mujeres que no reproduzco aquí por no darle difusión a semejante elemento. Para terminar, quiero dejar constancia de un comentario en el video del cazador. Le dice al concursante Salvador García que no se compare con el maestro Paco Candela. Lo hace con estas hermosas palabras: “Kantas bien pero no te konpares k lo sullo es bibio i lo Tullo es eskrito i enzallao”. Pues eso.

Evaristo Torres Olivas