“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 12 de octubre de 2026

Arnal, un paso atrás

En periodismo, contar solo una parte de los hechos y ocultar deliberadamente el resto se conoce como sesgo por omisión. También se le llama media verdad, sesgo de selección, espigueo y cherry picking (escoger cerezas). Un defecto grave en cualquier persona, pero mucho más si quien lo emplea es una periodista. Es el caso de Javier Arnal, que lleva décadas opinando en el Diario de Teruel y, desde hace dos años, con sección propia, Un paso adelante. El pasado día 7 de octubre, se publicaba una columna suya, Campaña sin violencia, en la que se despacha a gusto con el PSOE. Todo cuanto dice es cierto: el hermano de Sánchez, su esposa, Zapatero y sus joyas, etc. Pero también es cierto lo del ático de Ayuso, la venta de mascarillas de su pareja y de su hermano. Si se hace una lista de la corrupción del PP y del PSOE habría un empate. Pero don Javier solo ve las cerezas podridas en una parte. El señor Arnal es muy de derechas y también del Opus, solo hay que leer su trayectoria y los medio en los que ha colaborado. Nada que objetar: cada cual elige dónde quiere estar. Lo que sí es objetable es la manipulación, ver solamente la paja en el ojo ajeno, juzgar sin antes ver los propios errores. Y, de nuevo, es mucho más grave si quien así procede es periodista. En las facultades de periodismo te enseñan a informar de manera veraz, a ser independiente a la hora de hacerlo, a contextualizar. Todo lo contrario de lo que hace el calamochino Javier Arnal. En lugar de contar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, utiliza el rascador de malas hierbas de manera selectiva solo para los contrarios. Y con ello desacredita una profesión, la de periodista, que no atraviesa sus mejores momentos según las encuestas.

Evaristo Torres Olivas

viernes, 9 de octubre de 2026

Un íntimo timo

Leo en la prensa que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, va a publicar un libro el próximo 2 de diciembre. Íntimo, se titula. Me muero de ganas de leerlo durante las próximas fiestas navideñas. No me lo voy a comprar, no quiero contribuir a aumentar su cuenta bancaria. Pediré que me lo presten o lo recogeré de la basura si alguien lo tira, cosa más que probable. La oratoria de Ayuso no destaca por su elocuencia sino por todo lo contrario. Cuesta creer cómo una amante de los áticos no se haya inspirado en los áticos (filósofos y grandes oradores de la región de Ática). Tampoco se entiende que una persona tan limitada intelectualmente haya escrito un libro de 360 páginas en mes y medio, en los descansos de los incendios de Madrid del pasado verano. Algo tendrán que ver Miguel Ángel Rodríguez, MAR, y la media docena de "negros" (personas que trabajan anónimamente para lucimiento y provecho de otro). Seguro que el libro aparece en las estanterías de los supermercados de toda España junto a las revistas del corazón. Yo agradezco esa presencia porque me indica qué libros y revistas no debo comprar. Siempre paso por esa zona cuando voy al súper; después, por la frutería, porque “me gusta la fruta”, y la pescadería para despedirme de la dorada y el bacalao, “chao pescao”.

Evaristo Torres Olivas


miércoles, 7 de octubre de 2026

Buitres y buitras

Publicado en el DdT 09/10/2026 

Asistí el domingo a la manifestación en Teruel convocada por la Asamblea de Vivienda. Un encuentro justo y necesario. Sursum corda, levantemos el corazón. Lo diga el cura en la misa o el sursuncorda. Exigir que se cumpla la Constitución y apoyar a las personas que lo necesitan debería ser una obligación para todos. Dicho esto, quiero resaltar algunas cosas que deberían mejorar. En esta época de lo políticamente correcto, quienes intervenían con micrófono en mano cuidaron el desdoblamiento léxico: ciudadanos y ciudadanas, inquilinos e inquilinas. En algunos casos incluso se recurría al femenino como genérico. Pero a la hora de insultar, no hay desdoblamiento que valga. Los malos eran siempre masculinos: “Son unos perros al servicio de los poderosos”, gritaban, en lugar de son unos perros y perras al servicio de los poderosos y poderosas.  Y hablando de insultos, podrían haberle echado algo más de creatividad e imaginación para evitar expresiones como “la escoria fascista y ultraderechista”. También me resultó fuera de lugar un reiterado grito: “Rentistas, hijos de puta”. Estamos acostumbrados a que el ministro Puente llame al presidente “el puto amo”, pero nunca dirá que una ministra es la puta ama. Ayuso llama a Sánchez “hijo de puta”, pero nunca hijo de puto. Ahí tampoco hay desdoblamiento que valga. Otra cosa que me llama la atención es llamar “fondos buitre” a estos fondos especulativos. ¿Qué culpa tienen los buitres en todo esto? Los buitres son aves que cumplen una función ecológica para eliminar cadáveres y evitar la propagación de enfermedades. Al comparar los fondos con los buitres, se les hace un favor: los inquilinos serían carroña que hay que eliminar para preservar la salud de la sociedad. No hace falta ser un lince macho o hembra (linza, que diría la exministra socialista Bibiana Aído, inventora de la palabra miembra) para darse cuenta de tales despropósitos.

Evaristo Torres Olivas