“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 31 de agosto de 2020

Los medios informativos independientes de Podemos

Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Con frecuencia, los refranes aciertan. Es muy cierto que quienes alardean de algo casi siempre carecen de ello. Me ha venido a la mente ese refrán cuando he entrado en la página del periódico digital La Última Hora. En el apartado ¿Quiénes somos?, uno esperaría encontrar una relación de las personas que forman la redacción, los periodistas, los jefes de sección, subdirectores y director. Pero nada de eso. En su lugar, un texto mal escrito en el que se hacen afirmaciones demagógicas y que concluye con estas palabras: “Un equipo dispuesto a trabajar cada día por la información de calidad y el progreso social, en un medio de comunicación independiente que se debe sólo a la gente”. No hay nada más repugnante que tomar a los ciudadanos por imbéciles. Si un medio de comunicación es independiente, lo juzgará el lector. Y basta con leer media docena de artículos de La Última Hora para que el lector menos avezado se dé cuenta de que está frente al órgano de propaganda de Podemos. Pero si alguien no estuviera del todo convencido, puede entrar en la sección de opinión del periódico digital y acceder al apartado Espacio de la directora. La directora es Dina Bousselham. Sí, la misma Dina de Podemos, la ex asesora de Pablo Iglesias, la del caso Dina, la de la tarjeta robada y dañada. Al final, va a resultar que el partido de la gente, el de los que iban a asaltar los cielos, los enemigos de los grandes poderes, las multinacionales, los bancos y las cloacas mediáticas es peor que aquellos a los que denuncia. Manejan como nadie las noticias falsas, las fake news, la posverdad y las verdades alternativas. En definitiva, las mentiras. El periódico digital La Última Hora es tan independiente como los espacios digitales Fort Apache o En la Frontera, presentado por Juan Carlos Monedero, un destacado profesor que también se distingue por su rigor, capacidad intelectual y por su independencia frente a los bancos, grandes poderes y multinacionales, según Podemos, claro. Al periódico que dirige la señora Bousselham también se le podría aplicar otro dicho muy español: que miente más que la gaceta.
Evaristo Torres Olivas

jueves, 16 de julio de 2020

José Blanco y Alfonso Alonso, unos farsantes.

Cualquiera que siga las intervenciones de nuestros políticos, ya sea en los parlamentos o en los medios, se dará cuenta de que, fundamentalmente, la política consiste en criticar al adversario, insultarlo con frecuencia, y acusarle de pertenecer a una organización que es un de nido de corruptos, de ineptos y de gente que quiere arruinar España, cargarse la democracia y de querer asemejarnos a las dictaduras bolivarianas, los regímenes fascistas, el capitalismo salvaje o los nacionalismos excluyentes, según el caso. Y con ese mantra van encadenado una legislatura tras otra, durante décadas. Hasta que se retiran voluntariamente de la política, rara vez, o caen en desgracia en su partido, lo más habitual. Y entonces, todo cambia. Casi nunca retornan a su anterior empleo, en muchos casos porque fuera de la política no tienen ninguno. Se enganchan al carro de las puertas giratorias o crean consultoras de asuntos públicos. Los antiguos enemigos irreconciliables se convierten en amigos para siempre, amics per sempre o friends for life. Este es el reciente caso de dos exministros, de dos partidos enfrentados: José Blanco, del PSOE y Alfonso Alonso del PP. José Blanco es CEO y socio fundador de Acento, una consultora de asuntos públicos (así figura en la página de la consultora, aunque el nivel de inglés de Blanco sea el mismo que el mío de chino mandarín). Acaban de fichar de presidente a Alfonso Alonso, del PP. Tanto Blanco como Alfonso son exdirigentes de sus partidos purgados por Pedro Sánchez y Pablo Casado, respectivamente. En la misma consultora también aparecen otros purgados del PSOE como Antonio Hernando que ocupa el puesto de director general y Elena Valenciano, senior adviser (otra expresión innecesaria en inglés). También tienen como miembro destacado al hijo de otro dirigente del PP, González Pons. Alonso, antes miembro de un partido corrupto que se quería cargar España, de repente se ha convertido, según Pepe Blanco, en alguien que “analiza muy bien y es una persona muy equilibrada, moderada con la que se pueden conformar equipos”.  Y, además, le parece que “eso es muy importante en este tiempo, que es un tiempo que apela a la moderación, a la transversalidad, al acuerdo”. Una prueba más de que, en muchas ocasiones, los políticos son unos malos actores de obras desarregladas, chabacanas y grotescas. Unos farsantes.
Evaristo Torres Olivas

martes, 14 de julio de 2020

Me equivoqué y me arrepiento

Uno comete errores todos los días. Y quien no los comete es porque no hace nada o es un engreído. Los errores de cara a la gente tienen mayores consecuencias que los que se cometen en el ámbito privado. Algunos errores, con el tiempo, se olvidan y otros no se olvidan nunca, hagas lo que hagas: te cuelgan el sambenito y lo arrastras el resto de tus días, digas lo que digas. Uno de los grandes errores que yo cometí hace unos años fue apoyar a Podemos públicamente. En mi pueblo, Villarquemado, fui apoderado de Podemos en unas elecciones generales. Desde entonces, en mi pueblo soy el de Podemos. No importa que, en mi blog, en las cartas al director que envío a los diarios o en el cara a cara con la gente diga que Podemos me ha defraudado, que critique a sus líderes más destacados, tanto nacionales como a los aragoneses. Pero lo cierto es que por una que erré ya todas las cagué, por no utilizar el poco correcto refrán del perro que maté y mataperros me llamaron. Podemos es un partido poco democrático en su funcionamiento interno, está muy jerarquizado y quien no se arrodilla ante los jefes y les dice a mandar que para eso estamos no tiene ningún futuro en el partido. No es muy diferente al resto, pero los podemitas decían que eran el partido de la gente, los que limitaban los salarios de sus cargos, los que eran estrictos con los cargos que se podían acumular y el número de mandatos a los que un adscrito podía presentarse. Y todo ha desaparecido en apenas cinco años. Ni asaltar los cielos, ni echar a la casta. Me arrepiento cien veces de haberles votado, de haber participado en el círculo de Podemos de Teruel, de haber sido apoderado en mi pueblo, de haberme creído sus patrañas, de haber votado a candidatos sin experiencia, de haberme gastado dinero para asistir a la asamblea de Vistalegre en Madrid y a varias reuniones en Zaragoza. Pero no soy el único arrepentido: en las recientes elecciones en Galicia y en el País Vasco, a Podemos los ciudadanos le han dado la espalda. Podemos es el partido de los significantes vacíos, de los engañabobos y de los vendedores de crecepelo. El partido de la casta. El partido de los de arriba que engaña a los de abajo.
Evaristo Torres Olivas