“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 27 de abril de 2026

Dar gato por liebre

 Durante mucho tiempo, pasaba en Teruel delante del restaurante La Mafia. Nunca se me ocurrió entrar. Tampoco lo habría hecho si el nombre hubiera sido Viva Tejero y el 23F o restaurante El Asesino. Ahora leo en Heraldo de Aragón que han cambiado el nombre por La Famiglia. El responsable dice que es debido a un "plan estratégico a largo plazo". La realidad es otra: “la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) ha fallado en contra de la utilización en España del nombre de la cadena por considerar que es “contrario tanto al orden público como a las buenas costumbres”. Lejos de reconocer los hechos, los dueños de la cadena dicen que el nombre era un homenaje al cine y a Francis Ford Coppola por su saga de El padrino. Justificar lo injustificable. De la misma manera, se podría decir que, si un restaurante lleva por nombre Los crímenes de la calle Delicias o Asesinato en el Talgo, es debido a la admiración que sienten por Edgar Allan Poe o Agatha Christie. Por lo que a mí respecta, seguiré pasando delante de ese restaurante sin detenerme. No me gusta que me den gato por libre. Tal vez me lo habría pensado si los responsables nos hubieran contado la verdad y decido cambiar el nombre por el de restaurante Lo siento mucho, me he equivocado.  

Evaristo Torres Olivas

viernes, 24 de abril de 2026

Juan Manuel de Prada y la manipulación

 Escribe Juan Manuel de Prada un artículo en un magazín, magacín o magazine semanal que “la razón de fondo para que cada vez haya más gente que se suicida o solicita la eutanasia en los países “avanzados” es el apagamiento de la fe religiosa, que genera en las gentes desesperación”. Para que quede claro, esa cita se destaca en letras bien grandes para resaltar que se trata de la idea principal. El señor de Prada es considerado por muchos un intelectual. Es doctor en Filología Hispánica, licenciado en Derecho, autor de más de una docena de libros y de miles de artículos de opinión. El ethos de la retórica (autoridad y confianza que proyecta un orador o escritor para persuadir a su audiencia). Tampoco descuida en su escrito las emociones, el pathos. Pero donde falla es en el logos (razón, lógica y evidencia). En primer lugar, recurre a la exageración cuando dice que en los “países “avanzados” crece exponencialmente la querencia suicida”. Debería revisar el significado de “exponencialmente”. En segundo lugar, debería indicar de dónde saca las cifras porque en determinadas épocas, supuestamente muy religiosas, las tasas de suicidio no recogían muchos casos por valoraciones religiosas; el suicidio se consideraba una desviación patológica y tabú. Se ocultaban muchos casos bajo otras causas: muerte súbita, accidental, enfermedad prolongada, accidente doméstico, etc. Se pueden entender los errores que comete una persona con poca formación, pero no los de un licenciado en Derecho y doctor en Filología. El señor de Prada sabe muy bien el significado de las palabras y cómo contrastar las fuentes. Si exagera, miente y engaña no es por ignorancia sino con intención de manipular (intervenir en la información con distorsión de la verdad y al servicio de intereses particulares). “Vender la moto, “vender la burra”, “dársela a uno con queso”.  

Evaristo Torres Olivas


miércoles, 15 de abril de 2026

La posverdad y el niño tonto

Publicado en Diario de Teruel 20/04/2026 

Recuerdo cuando, de niño, tuve que memorizar el catecismo, aprenderme los diez mandamientos y los pecados del alma. Algunas de estas leyes fundamentales las entendía, otras me confundían. Tenía claro lo de “no matarás” y también lo de “no darás falso testimonio ni mentirás”. De los tres enemigos del alma, dos me parecían lógicos, el mundo y el demonio, pero ¿por qué era mala la carne? Y si lo era, ¿Por qué en casa me obligaban a comerla? Con el paso de los años, y ahora tengo setenta, no he avanzado mucho en la comprensión de estas cosas. Si “abortar es matar a un bebé” y “la eutanasia es un crimen”, no entiendo por qué los mismos que tienen esas convicciones no piensan lo mismo cuando se bombardea un colegio o un hospital y mueren decenas de personas. A estas dos últimas salvajadas no las llaman ni crimen ni matanza sino “daño colateral”, “error de precisión” o “desviación de objetivo”. La utilización de estos eufemismos también me confunde: no tengo claro si son falsos testimonios, mentiras o “verdades alternativas”.  Está claro que el problema no está en los demás, sino que yo, solamente yo y nadie más que yo es el culpable. Muchos pensaréis que soy tonto, aunque preferiría que creyeseis que soy corto, simplón, ingenuo, que tengo pocas luces o que me falta un hervor. Tendré que comprarme luces halógenas y meterme en la bañera con agua hirviendo.  Espero no desviarme del objetivo.

Evaristo Torres Olivas