“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

sábado, 24 de julio de 2010

La vuvuzela

Hay que respetar las tradiciones. Las tradiciones se acatan y no se discuten. Como las órdenes de los sargentos chusqueros. Tenemos las rosquillas tradicionales y el tradicional desfile. Tradicionales son los toros y por tradición se tiran cabras desde los campanarios. El problema con la tradición es que no se sabe bien qué es. Por una parte alude a lo heredado de nuestros ancestros, y aquí caben desde las deudas hasta la pertinaz sequía. Y por otra, en un mismo saco, se meten valores, costumbres, creencias, cultura, folclore, salvajadas, memeces e intereses. Tradicionales en España, además de los toros y las cabras arrojadas desde la torre de la iglesia, son la paga de Navidad y la corrupción política. Tradicional es en África la vuvuzela, la corneta de los cojones que revienta los oídos de los asistentes a los partidos de fútbol en el mundial y a los espectadores que los escuchan por la tele. Mkhondo Rico, portavoz del comité organizador del Mundial, lo ha dejado bien claro: "Pedimos al mundo que respete nuestra cultura. Las vuvuzelas seguirán durante todo el Mundial. Punto". En la mili, en lugar de punto, se decía ar, pero el mensaje es el mismo: las reclamaciones al maestro armero. Me temo que detrás de muchas tradiciones se esconden motivos económicos. La mierda de trompeta de plástico se vende entre ocho y veinticinco euros y el coste de producción debe rondar los 40 céntimos. Pero es que, además, se ha hecho una extensión de gama y los mismos que venden la vuvuzela recomiendan los vuvu stop, unos tapones que reducen el ruido. Es lo mismo que hacen algunos laboratorios, según cuentan los malpensados: primero crean una enfermedad y a continuación te venden el medicamento para curar la enfermedad que ellos han creado. También se cuenta algo parecido de los fabricantes de armas que encabronan a la gente para que se líen a hostias y después les venden metralletas y bombas para que se despedacen y se despanzurren. No sería de extrañar que, en los próximos meses, nuestras autoridades eclécticas tomaran medidas para aunar tradición y bienestar y nos vendan gafas oscuras y pinzas para la nariz. Para no ver ni oler la fetidez de la tradicional corrupción de los políticos.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado

No hay comentarios: