“A nadie se le ocurriría anunciar el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, con un cartel en el que estuvieran cuatro ‘señoros’ jugando al guiñote en el casino del pueblo; ni nos parecería apropiado ilustrar el 20 de noviembre, Día Universal del Niño, con imágenes de una residencia de ancianos”. Lo anterior lo escribe José Luis Melero en el Heraldo del pasado uno de mayo. Con esos argumentos pretende criticar que en el Día de Aragón sonara el himno de España, cuando según el señor Melero solo “toca escuchar el himno de Aragón, toca hablar de Aragón, toca reivindicar y enaltecer a Aragón”. Tendría razón el señor Melero si en ese día solo se hubieran hablado de asuntos que nada tienen que ver con Aragón. Pero en la Aljafería se habló de Aragón, se premió a personalidades e instituciones aragonesas, presidían el acto las banderas de Aragón, de España y de la Unión Europea y sonaron los himnos de Aragón, en primer lugar, con un acto emotivo en el que unos niños ucranianos alzaban la bandera de Aragón. ¿Dónde está el agravio? ¿Dónde la falta de respeto? ¿A qué viene lo de los “señoros” jugando al guiñote o lo de la residencia de ancianos? Distorsionar la verdad con falsos argumentos se llama manipulación. Ni el Día de Aragón se anunció con un cartel de cuatro “españolos” enarbolando la bandera española ni se dejó de lado nuestro himno aragonés. En mi opinión, el único que hizo el ridículo fue el consejero Soro con sus brazos cruzados cuando sonaba el himno de España. Desde hace un tiempo he comprobado que para ser buen aragonés hay que repetir muchas veces rasmia y no reblar, llamar a los hijos Pilar y Jorge, o mejor, Chorche y Pilara, y quedarse de brazos cruzados cuando el Día de Aragón suena cualquier himno que no sea el de nuestra tierra. A mí me gusta que el día De la Hispanidad suene una jotica, un chotis o un pasodoble. Me emociono escuchando a Labordeta, Serrat, Sabina o Carlos Cano. El Día de la Mujer Trabajadora quiero ver un cartel con mujeres levantando el puño, el Día del Niño, a niños felices y el Día de Aragón, una bandera de Aragón, de España y de Europa y los tres himnos, sin importarme el orden. Porque soy aragonés, español y europeo, europeo, español, y aragonés todos los días del año. Y todo lo demás son ganas de enredar y de tocar las narices.
Evaristo Torres
Olivas

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