“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

martes, 3 de mayo de 2022

La cultura y tradición de matar toros

 En defensa de la Tauromaquia, así, con mayúscula, titula su artículo en el Diario de Teruel don Carlos Méndez, “concejal de la plaza de toros del Ayto. de Teruel”. Lo entrecomillo porque así lo escribe él. En el artículo hace una defensa apasionada de la actividad de matar toros. Lo de matar toros lo digo sin ninguna intención, puesto que en la jerga taurina a quien se enfrenta al toro en una plaza se le llama y se llama a sí mismo matador, diestro o espada. Para el concejal, el toreo es cultura, tradición y no sé cuántas cosas más y por lo tanto hay que protegerlo porque, escribe, “una realidad es que la cultura no se puede prohibir. Es un derecho humano que toda persona tiene derecho  a disfrutar de la vida cultural de la comunidad, lo mismo que son derechos humanos la igualdad de derechos y libertades de todos sin distinción alguna” (las negritas son mías). Muchos derechos humanos y ningún derecho para los animales. Los matadores son artistas, porque el toreo es arte. Lo mismo que la guerra (El arte de la guerra de Sun Tzu) o el asesinato (Del asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas de Quincey). ¿Qué diferencia el arte de matar toros de la salvajada de abandonar unos cachorros en un contenedor de basura? A los toreros les pagan y mucho, pueden ganar en una tarde lo que muchos no ganan en un año. A quien abandona perros en un contenedor, le pueden caer hasta cinco años de cárcel, como hemos podido leer en Diario de Teruel la semana pasada. ¿Por qué? Pues porque los matadores de toros se visten de luces, a sus alpargatas las llaman manoletinas, a clavarle una espada para acabar con un toro lo llaman la suerte suprema. Si la barbarie se envuelve en palabras bonitas, es menos cruel y se convierte en cultura. Y la prueba de que matar toros es cultura y que “la cultura es un derecho y que los derechos humanos son igualdad de derechos”, como bien nos recuerda el concejal de plaza de toros, está en que, de todos las matadoras y matadores de toros, toreras y toreros, picadores y picadoras, banderilleros y banderilleras, monosabios y monosabias, alguacilillos y alguacilillas, más del noventa y nueve por ciento son hombres. Será por tradición. Y las tradiciones son sagradas. O porque los toros y Soberano son cosa de hombres.

Evaristo Torres Olivas

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