Mucho y bien, en general, se ha hablado de las ministras y ministros del Gobierno de Pedro Sánchez. Por varios motivos: por su elevada competencia técnica, con alguna excepción; porque de los 17 miembros, 11 son mujeres; porque dos ministros son gais y uno de ellos, Fernando Grande-Marlaska, en su toma de posesión como titular de Interior ha recordado a su marido con toda naturalidad sin que lo detenga un policía o un guardia civil; porque la ministra de Defensa sigue siendo una mujer que dirigirá unas Fuerzas Armadas que, aunque han cambiado mucho, todavía tienen a muchos machitos y novios de la muerte. En definitiva, un Gobierno que da una buena imagen de competencia, equilibrio y modernidad. Tanto que ha sido elogiado por medios de comunicación de todo el mundo.
Pero ha habido otro
nombramiento, el de Iván Redondo, que merece ser destacado. Será el jefe del
Gabinete del presidente. Redondo se presenta a sí mismo como consultor
político, o mejor, como Chief Executive Officer (CEO) and Political Consultant. Redondo & Asociados Public Affairs Firm. También conocido
como spin doctor. Su cometido consiste en hacer que las ideas y acciones de sus
clientes parezcan mejor de lo que son. Presenta las cosas de tal manera que
favorezcan a su cliente y dañen al adversario. Redondo, que ahora está con
Sánchez, antes tuvo el mismo cometido en el Gobierno del PP de Monago en
Extremadura; también asesoró a García Albiol en Cataluña y seguramente fue el
autor del famoso eslogan xenófobo Limpiando Badalona. Pero no pasa nada, porque
ahora que trabaja para el PSOE pagado con dinero público puede perfectamente
recomendarle este otro: Acoge un refugiado en tu casa. A Pablo Iglesias también
le gusta el spin doctor Redondo; lo presentó en su programa de la tele como un
hombre “culto, rápido, sensible” y seguro que no le importaría contratarlo de
jefe de Gabinete para que le preparara eslóganes ganadores y así perpetuarse en
el poder. Creo que a estos asesores políticos y spin doctors habría que
llamarlos por su verdadero nombre: mercenarios, embaucadores, vendedores de
crecepelo, engañabobos, charlatanes, trileros, manipuladores. Gente amante de
los juegos de estrategia, del ajedrez, en los que las piezas no son de madera
ni plástico sino personas a las que sacrifican si es necesario para ganar la
partida. Gente sin otra ética que la del dinero, capaces de recomendar un
equipo de ministras y ministros que luzca bonito pero también de colocar a
Trump en la presidencia de Estados Unidos, traficando con Facebook, Cambridge
Analytica o con su madre si fuera necesario.

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