“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 11 de octubre de 2013

¿Causalidad o casualidad?

Que dos sucesos ocurran simultánea o sucesivamente no significa siempre que uno sea la causa del otro. Si el gallo canta y amanece, no significa que el gallo sea el causante del día; al revés tampoco funciona,  pues que amanezca y cante el gallo tampoco quiere decir que el día sea el causante del canto. De hecho, el puñetero gallo canta a todas horas, pero es en el silencio del amanecer cuando el cacareo da más por saco. Tampoco los granos en la cara son efecto de la masturbación ni el arroz es el responsable de los ojos rasgados de los chinos.  Sin embargo,  hay otras situaciones en las que sí es así: las judías son causa de la flatulencia,  la borrachera es el efecto de la ingesta de alcohol, y la censura es la consecuencia de las decisiones de políticos tan “democráticos”  como Arrufat. Y hablando de causalidad y de políticos, el día de la toma de posesión de la presidente de la Diputación de Teruel, Carmen Pobo, el autor de estas líneas sufrió un infarto mientras presenciaba el discurso de doña Carmen. También era el día de mi cumpleaños. Varias son las posibilidades. La primera, que la toma de posesión de Pobo, el infarto y el cumpleaños sean hechos sin ninguna relación entre sí. Pero también podría ser que el cumpleaños fuera el causante del infarto, la alarma biológica que disparó el mecanismo que altera el pum pum del corazón. También se podría pensar que doña Carmen tomara posesión de su cargo el  día de mi cumpleaños para amargarme el día, sabiendo que yo no comparto ninguna de las ideas de su partido. Y si a uno le amargan el día, le ponen nervioso y le estresan, se puede producir una alteración del ritmo cardiaco que produzca un infarto. Los médicos me recomendaron, después del infarto, que dejara de fumar,  perdiera peso,  cuidara la alimentación e hiciera ejercicio. En ningún momento me prohibieron el consumo de discursos de Carmen Pobo (ni tampoco escuchar las ruedas de prensa de Vicente Guillén y Mayte Pérez). Claro que la medicina no es una ciencia exacta y, no hace mucho, el psiquiatra franquista Vallejo-Nágera proclamaba la inferioridad mental de los marxistas, causada por un gen rojo”. ¡Quién sabe si dentro de unos años no se descubrirá que una de las causas de los infartos, además del tabaco y el aire contaminado, sean los discursos tóxicos de algunos políticos.

Evaristo Torres Olivas

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