Un joven de 25 años se hace trizas al tirarse a la piscina desde la sexta planta del hotel donde se alojaba. Un joven piloto de 19 años, se cae de la moto. Lo golpea un “veterano” de 26 años y lo aplasta otro piloto de 17 años. Circulaban a 240 km/h. Muere un joven de 19 años corneado por un toro en un encierro. Frente a estas muertes inútiles y perfectamente evitables, uno puede tomar dos actitudes. La primera: que se jodan. Estos tontos del culo, ya sabían a qué se exponían y no merecen que derramemos una sola lágrima por ellos. Eso es precisamente lo que pienso del conductor suicida que se estampa contra otro coche y no solamente muere él sino que se lleva por delante la vida de unos ciudadanos que circulaban tranquilamente. Pero no es ese el caso de los tres chicos. Estos no buscaban hacer daño a nadie sino emociones fuertes. Las tres bes: “balor, boluntá y buebos”. El del bálconing, que así se llama a tirarse a la piscina desde las habitaciones de los hoteles, seguramente esperaba que lo fotografiasen con la cámara del móvil y colgasen su hazaña en Youtube. El joven piloto de motos buscaba la gloria en los circuitos del mundo. Y el corredor de toros, respondía a la llamada de una tradición arraigada en su pueblo desde el siglo XVI. El bálconing todavía no está subvencionado por nuestros ayuntamientos pero no tardará, como ocurre con el puénting y sus derivados: el góming, el pénduling y el parabóling. Las motos y los toros reciben desde hace tiempo ingentes cantidades de dinero público para que los ciudadanos podamos disfrutar de la muerte en directo. Y ante esto uno no puede sino lamentarse de que entre todos no hayamos sido capaces de hacer ver a nuestros jóvenes que estamparse contra el cemento de una piscina, reventarse la cabeza a doscientos cincuenta por hora o ser ensartado por el asta de un toro, sin otro objetivo que darse un chute de emoción, no constituyen ninguna proeza, que no los admiramos y que hacer eso es propio de imbéciles. Tal vez, una forma de evitar estas gilipolleces consistiría en obligar a alcaldes, concejales y demás tropa que aprueba tales barbaridades, a practicar el gilipolling, a tirarse a la piscina desde la ventana del ayuntamiento, a correr en una moto a toda hostia y chamuscarse los huevos con la tea del toro de fuego.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 3/10/2010
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