Un lector anónimo (¿por qué casi todos los lectores que me hacen críticas siempre lo hacen anónimamente?) ha dejado un comentario en mi blog y entre otras cosas me dice: “Esa obsesión contra los políticos cansa. Si todos sabemos lo que son y a lo que se dedican, pero no vamos a estar toda nuestra vida hablando de ellos”. Si esa forma de pensar fuera única, no habría que preocuparse. Pero, desgraciadamente, son muchos los que comparten las ideas de ese lector. Afortunadamente, no todos. Porque de ser así, el mundo no habría progresado ni un milímetro. La resignación conduce a la parálisis y a que los sinvergüenzas sigan jodiendo la marrana. También denota cobardía y miedo. Y una injusticia. Vayamos por partes. Si todos sabemos lo que son y nos callamos, somos cómplices. Sabemos que mienten, que nos engañan, que roban, que son ineptos, pero lo aceptamos. Luego, somos como ellos. Franco era un dictador, un asesino, un déspota, ya lo sabemos, pero no era necesario estar todo el día hablando de ello, ni de manifestarse, turbando la paz de los ciudadanos de bien. Es la misma resignación que mostraba mi abuela: todas las desgracias que ocurrían era porque así lo quería Dios. Ya nos llegaría la recompensa en el otro mundo. Los que no se conforman con lo que ven a su alrededor y quieren cambiarlo, son unos impacientes y se creen que mejor que los demás. Ilusos. Hay que dejar que las cosas sigan su curso, y si las cosas son como son, por algo será. No nos corresponde a nosotros interferir en los designios del destino. Si lo hacemos, demostraremos una soberbia que debe ser censurada. Por eso, como proclama la publicidad de una colección de libros de voces críticas que regala un periódico, “el pensamiento crítico y la libertad de expresión siempre han sido perseguidos y reprimidos por el autoritarismo”. Por eso, ahora que se acercan las elecciones hay que dejar de hablar de los políticos. Y los que así piensan no se dan cuenta de que criticar a ciertos políticos, a los ineptos y a los chorizos, es la mejor forma de prestigiar la política, una actividad noble y necesaria y a muchos ciudadanos que la ejercen con honestidad, profesionalidad y sentido del deber.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 8/10/2010
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