La visita de Michelle Obama a España ha resultado nauseabunda. Todos han quedado a la altura del betún, empezando por la propia protagonista, siguiendo con los periodistas rastreros, los empresarios aprovechados y el público que jalea, sin ton ni son y sin saber por qué, a una niña y a una señora que pasan unos días de vacaciones en España. Es vergonzoso, que para cuatro días de vacaciones privadas, la primera dama, presidenta consorte o como se diga, reserve veinte o treinta habitaciones de un hotel con más estrellas que el firmamento. Que se gaste uno pastón en aviones, helicópteros, buzos, y trozos de carne como armarios con gafas Ray-Ban. Si se trataba de una visita privada, no era necesario tanto bombo. Cuando quieren, los poderosos vienen de visita y no se entera ni dios. Produce asco que unos periódicos y unos periodistas que se autoproclaman serios, independientes y “al filo de la noticia”, nos regalen titulares como que la sirenita Sasha se baña, la reina Michelle pide un helado de chocolate o que la esposa de Obama palmea bien porque los negros tienen sentido del ritmo. Ya solo nos faltaba saber de qué color era la ropa interior que llevaban y la marca de los cereales del desayuno. Del género idiota ha sido la estupidez de los empresarios queriendo poner carteles para dar la bienvenida a Miss Marshall. Bochornosa la actitud del público que ha esperado durante horas para ver no se sabe bien qué. No sé si la visita de Michelle Obama y su hija servirá para atraer turistas americanos a Marbella, disparar la venta de helados de chocolate o hacer olvidar el desplante de Zapatero, que no levantó el culo del asiento, cuando estaba en la oposición y desfilaron los milites gloriosi americanos en Madrid. De lo que sí estoy seguro es de lo imbéciles que podemos llegar a ser. Y para no ser menos que mis paisanos empresarios, periodistas y españoles todos, quiero convertirme en un gilipollas más y terminar estas líneas recordando la película de Berlanga y reiterando mi admiración por los yanquis: “Viva el tronío de ese gran pueblo con poderío. Olé Virginia y Michigan, y viva Texas que no está mal. Olé mi “mare”, olé mi suegra y olé mi tía”.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 13/8/2010
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