“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 16 de agosto de 2010

Las dos Iglesias

Soy un fan incondicional de don Vicente Altaba, delegado episcopal de Cáritas. Cada una de sus tribunas en el Diario de Teruel rezuma sensatez, rigor, compromiso con los más necesitados y un diagnóstico certero del mundo en que vivimos. Su última colaboración, publicada el pasado día 26 de julio, es un buen ejemplo. De cabo a rabo. Empezando por el título: Necesitamos repensar la sociedad desde los pobres. Y concluyendo con este párrafo:“Si queremos salir de la crisis y del modelo socioeconómico que la genera, tendremos que pensar el mundo desde las personas más pobres y no sólo desde el crecimiento económico que, por sí mismo, como ha demostrado ya, no cambia a las personas, ni es capaz de darnos un modelo de sociedad mejor ni evita la pobreza”. Si la Iglesia en su conjunto mantuviera no solamente el discurso de don Vicente sino también la labor de Cáritas, yo sería el primero en recomendar no solamente una sino tres equis en la declaración de la renta. Pero desgraciadamente no es así. El discurso oficial de la Iglesia, el de Rouco y Cía, es muy diferente. Y la trayectoria bimilenaria de la institución demuestra que siempre ha estado del lado de las monarquías más absolutistas y de las dictaduras más feroces. Mientras que la Iglesia oficial se ha encargado de prometer a los pobres reinos celestiales en los que se inflarían a comer y a gozar en abundancia, personas con don Vicente creen que es mejor que los pobres lleguen bien alimentados y vestidos a ese reino celestial. Cuando don Vicente pide más recursos para hacer frente a las urgencias que ha generado la crisis, la Iglesia y los poderes públicos se encargan de despilfarrarlos para que el Papa se dé un baño de multitudes recorriendo las calles de nuestras ciudades montado en su papamóvil. Este es el titular de hace unos días de un rotativo español: “Gasto público millonario para 36 horas de visita papal. El viaje que en noviembre llevará al Pontífice a Santiago y Barcelona costará al país más de cuatro millones de euros”. Estoy convencido de que a don Vicente, a muchos de los lectores y a mí, nos gustaría más que esos millones se emplearan en cubrir necesidades más apremiantes de muchas de las víctimas de la crisis.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 14/8/2010

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