“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 30 de agosto de 2010

El Gobierno idiota

Es cierto que, frecuentemente, en mis colaboraciones en este periódico, me cebo con los políticos. Algunos me han reprochado que, con la cantidad de asuntos de los que se puede escribir, una y otra vez mis dardos vayan dirigidos a la misma diana. La explicación es bien sencilla: en mis escritos, me nutro de la actualidad, de la lectura de periódicos, de lo que oigo en la radio y de las charlas de bar. Y lo cierto es que esas fuentes dedican tres cuartas partes de sus contenidos a temas en los que los políticos son protagonistas. Nuestro Diario de Teruel no es una excepción. El esquema es siempre el mismo: ya sea la inauguración de una fábrica, de una exposición, de un puente o la pavimentación de una calle, la noticia recoge las declaraciones de los políticos, aunque no tengan nada que decir o repitan una y otra vez las mismas tontadas, y se acompaña de una foto en la que aparece de nuevo el político de turno. Sota, caballo y rey. Piñón fijo. Y nuestras autoridades locales, provinciales y autonómicas, son una mina, una fuente inagotable de inspiración para cualquiera que se dedique a comentar la actualidad, aunque sea, en mi caso, como aficionado. Esta misma columna que estoy escribiendo, tiene su origen en unas declaraciones publicadas en el Diario de Teruel. Una autoridad visita un pueblo de la provincia, aparece en la foto y el periodista recoge entrecomilladas las siguientes palabras del político: “que la gente esté a gusto y tenga autoestima por sus municipios”. Por pocas luces que se tengan, cualquier persona es capaz de captar el sinsentido que encierran esas palabras. Si la autoestima se define como la valoración positiva de sí mismo, carece de significado hablar de autoestimar a los demás y menos a un municipio. Se trata de la misma bobada que leí una vez en un diario de Madrid, uno de cuyos titulares rezaba que un hombre había sido condenado por automedicar a su madre. Mientras nuestros políticos no cuiden lo que dicen y cómo lo dicen, yo seguiré bebiendo de un abundante manantial de ideas para mis veinticinco líneas. Javier Marías titulaba hace poco, en una de sus colaboraciones en El País, Somos el Gobierno, idiota. Seguramente que si el autor hubiera sido alguno de nuestros políticos, se habría ahorrado la coma y habría escrito Somos el Gobierno idiota.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
No publicado

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