“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 30 de agosto de 2010

Las reflexiones personales

La libertad consiste, entre otras cosas, en que cualquier ciudadano pueda pensar y expresar lo que le dé la gana. Pero el ejercicio de la libertad no es fácil, ni siquiera en las sociedades como la nuestra, que disfrutan de una teórica democracia en un estado de derecho. Podría poner mil ejemplos, incluso personales, para demostrar lo que digo. Los medios de comunicación se encargan de difundir unas opiniones y de silenciar otras, en función de sus intereses y del amo al que sirven. El valor que les damos a las reflexiones personales debería depender de la persona que las emite. No es lo mismo la reflexión de un agricultor de mi pueblo sobre las perspectivas de la cosecha que lo que pueda decir Belén Esteban sobre fisión nuclear. Los conocimientos sobre un determinado campo del saber, la experiencia, dan credibilidad y rigor a las opiniones que emite la fuente. Las salidas de pata de banco de los legos en una materia, producen risa y alimentan los anecdotarios de ciertas profesiones como la medicina, con ese señor que no se sabe si padecía almorranas o le dolía un ojo y pidió un volante para el culista. Esas reglas funcionan en todos los campos, excepto en política. Cualquier ignorante que haya sido elegido en unas listas o lo haya colocado su partido a dedo en un cargo, puede decir sandeces tamaño melón de Villaconejos y no solamente no nos produce risa sino que nos acojona. Hay dos tipos de políticos ignorantes e igualmente dañinos. Por una parte está el tonto útil: ignaro, ambicioso, sin vergüenza (y frecuentemente sinvergüenza), que a cambio de un puesto, escaño, consejería, asesoría, repite, a modo de loro o cotorra, lo que sus amos le dictan. Este bobo, que tiene por lema dame pan y dime tonto, o ande yo caliente y ríase la gente, es menos peligroso que el inútil que se cree listo. Éste, con su cerebro de mosquito, cree firmemente que sus ocurrencias y reflexiones personales, son ciencia pura, destilación de sabiduría o palabra divina. Los lerdos son los astrólogos, curanderos, chamanes y charlatanes de la tribu política. En estos días, hemos podido conocer las “reflexiones personales” de uno de esos personajes. Juzguen ustedes mismos a cuál de las dos categorías pertenece. ¡Qué peligro cuando los más tontos se ponen a hacer relojes!

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 3/9/2010

No hay comentarios: