“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 30 de agosto de 2010

Derecho a opinar

A raíz de las invectivas que hemos cruzado un representante sindical y yo en las páginas del Diario de Teruel, y que él da por zanjadas y yo también, me he puesto a reflexionar sobre algunas de las cosas que dice en su última y definitiva contestación. Tienen que ver con el papel del periodismo y con el derecho de opinión en una democracia. Y como las afirmaciones de don Manuel, el sindicalista, no son un caso aislado sino que se las he oído a otros representantes institucionales, me preocupan y me desconciertan. La primera se refiere al papel de la prensa. Por lo visto, solamente los dirigentes de los partidos, de los sindicatos y de otras instituciones pueden escribir, debatir, pelarse o insultarse, en los medios. Pero cuando lo hace un periodista, o un ciudadano cualquiera, como es mi caso, dando su opinión, acertada o no, se trata de una actitud “incomprensible periodísticamente”. La segunda afirmación es aquella que cuestiona el derecho de un ciudadano a “faltar al respeto de la más importante organización social de España”. Como ven, unas afirmaciones que cuestionan, a mi juicio, dos de los pilares básicos de la democracia y del estado de Derecho: la libertad de prensa y la libertad de expresión. Cualquier ciudadano, ya sea representante de una institución, un periodista o un corredor de cien metros lisos, puede opinar lo que quiera, de acuerdo con el artículo 20 de nuestra Constitución, sin censura previa. Esa misma Constitución, en su artículo 18, garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y a la propia imagen, por lo que el ciudadano que considere que esos derechos han sido conculcados, puede recurrir a los órganos jurisdiccionales, que juzgarán y harán ejecutar lo juzgado. En los “tortazos” que nos hemos propinado don Manuel y yo, algunos lectores se habrán alineado en su bando, otros en el mío y un tercer grupo, en ninguno de los dos. En eso precisamente consiste la democracia. Y espero que continúe siendo así durante mucho tiempo. Estoy seguro de que don Manuel comparte estas palabras, aunque las pronuncie un mindungui “acostumbrado a disparar todo tipo de descalificaciones desde su columna en Diario de Teruel, sin que nadie le replique”.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
No publicado

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El derecho a opinar libremente, entre otros derechos, no convierte a un pais en una democracia, sino en un Estado de libertades que es algo muy distinto a una democracia:la base de ésta es la división de poderes, que en España no se da.Ánimo con sus artículos que son muy buenos, pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

michel dijo...

pues yo estoy en tu lado, caña y mas caña.