“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

sábado, 7 de agosto de 2010

Albureros y barbajanes

En los cuentos y fábulas, los animales hablan, piensan y se comportan como humanos. En la tribuna de don Valentín Villagrasa (Diario de Teruel, 1 de agosto), los humanos pretenden hablar, pensar y comportarse como animales. Don Valentín muge y piensa como el toro Vividor, e incluso pretende erigirse en portavoz de los toros bravos, sin que conste en ninguna parte tal nombramiento, para decirnos que lo que reclaman es “morir frente a su matador con la cabeza bien alta, sabiendo que durante la lucha desigual han tenido la oportunidad de demostrar que son eso, toros bravos”. Eso es jugar sucio, don Valentín, porque sabe que ningún toro, vaca, buey o cabestro le van a decir ni mu. Lo que usted hace es jugar con las palabras, utilizar a un pobre animal para cornear a su antojo a todos aquellos que no piensan como usted, y a arremeter contra los parlamentarios catalanes que han decidido prohibir las corridas de toros. Un humano puede ponerse en la piel de otro humano, puede compartir y entender sus penas, alegrías y sufrimientos. Ambos comparten naturaleza humana y nada de lo humano les es ajeno. Yo puedo ponerme en el lugar de unos padres que han perdido a un hijo en un encierro. Pero difícilmente puedo ponerme en la piel de una vaca o de un toro y expresar lo que pueden sentir. Un toro está programado para sobrevivir, para defenderse si es atacado, en su hábitat natural, pero no en un recinto cerrado, rodeado de fanáticos vociferantes. Y toda esa cháchara de morir con la cabeza bien alta frente a su matador, no deja de ser antropomorfismo de pacotilla, propia de revolucionarios exaltados, de legionarios de la cabra o de toscos rambos peliculeros. Ya sólo le faltaba a don Valentín poner en boca del toro aquello de Ave, Caesar, morituri te salutant. Y puestos a celebrar un réquiem por la extinción del toro, a lo mejor sería más necesario hacerlo por el burro--el de cuatro patas--que, ese sí, está en peligro de desaparición. Habla el señor Villagrasa de “toros y vacas de un cuajo especial”. Y yo digo que para cuajo, y muy especial, el de aquellos que se ponen a hablar como toros o como burros.

Otrosí: 25 personas muertas en los encierros de los tres últimos años. Y miles de heridos.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT  7/8/2010

1 comentario:

Anónimo dijo...

De total acuertdo con usted, Sr. Torres. La pena de lo de Cataluña es que después de toda la movida que se ha montado, se siga maltratando y torturando a los toros en otro tipo de "espectáculos" diferentes a las corridas de toros.