“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 30 de julio de 2010

Entre dos aguas

Ante el aumento de la venta de agua embotellada, pareciera que el agua del grifo es una porquería dañina para nuestra salud. Un reciente artículo en la prensa desmentía tal afirmación. El agua del grifo, en la mayoría de los casos, es tan buena o mejor que el agua que nos venden a precio de oro en botellitas de plástico. Los controles a que es sometida el agua del grifo, garantizan la calidad y la ausencia de riesgos para la salud. Pero los mercaderes de siempre, armados con sus máquinas de propaganda, nos quieren hacen creer lo contrario. Nos venden botellas con etiquetas en las que aparecen verdes valles serpenteados por riachuelos cristalinos. El caso del agua embotellada es un claro ejemplo de la falacia del mercado que nos quiere hacer creer que la iniciativa privada es mucho más eficiente en la gestión de los recursos. El agua embotellada, sin ser de mayor calidad, en general, que la del grifo, cuesta cientos de veces más. Genera toneladas de basura en forma de botellitas de plástico contaminantes; malgasta energía en la fabricación de esas botellas y en el transporte. Se aprovecha un recurso natural, que es de todos, en beneficio de unos pocos: los dueños de las grandes empresas como Nestlé y Danone, líderes del sector del agua embotellada. Con su tenacidad y sus dineros, han conseguido que las madres preparen los biberones con agua embotellada, los cocineros hagan paellas con agua que cuesta una fortuna y que aquel que se atreve a pedir un vaso de agua del grifo en un bar sea tildado de miserable y pobretón. El actual sistema económico, basado en el crecimiento constante, nos bombardea con productos inútiles. No tardarán mucho, una vez saturado el mercado para las personas, en vender cremas hidratantes y depilatorias para perros y gatos. Y los mismos que contaminan el aire serán los primeros en comercializar botellas de oxígeno para venderlas en grandes superficies y chiringuitos de playa. Si quieren disfrutar del verano, vuelvan al agua del grifo o de la fuente en botijo, con unas gotitas de anís, y al sombrero de paja. Bueno, bonito y barato. Consumirá productos naturales y sanos y se ahorrará un pastón.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 30/7/2010

2 comentarios:

Luis Antonio dijo...

Estoy de acuerdo contigo, pero con una salvedad: en algunos países extranjeros - no cito a ninguno para no ofender - el agua pública no ofrece garantías sanitarias. También es cierto que el agua embotellada no es totalmente fiable.

Un cordial saludo

Eto dijo...

Claro, cuando viajas a algunos paises mejor que bebas agua embotellada de confianza si no quieres cagarte patas abajo. Pero lo que hay que exigir que en lugar de vendernos agua embotellada, los ciudadanos tenemos derecho a beber agua limpia y aire puro, sin que los mercaderes se adueñen del negocio.