“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

sábado, 24 de julio de 2010

Amargura

Hay noticias capaces de amargarle a uno el día. Las grandes catástrofes, los terremotos cabrones, las nubes de ceniza que paralizan un continente, un avión que se escoña y cientos de vidas se van al carajo. La naturaleza y los artefactos que inventa el hombre son sistemas complejos y todavía no hemos conseguido dominarlos completamente. Pero hay otros hechos, mucho menos trágicos, que también consiguen amargarnos los desayunos. Nos encabronan porque son perfectamente evitables, son simples como el mecanismo de un chupete o la receta de las sopas de ajo. El día veinte de abril, el Diario de Teruel publicaba una noticia de la agencia EFE, en la que se nos informa de que el diputado del PP, Antonio Suárez, denuncia que el Gobierno de Marcelino Iglesias ha triplicado la cifra de puestos de confianza, hasta alcanzar las 128 personas. La comprobación de si eso es cierto o no es bien sencilla: se coge una lista de los puestos de confianza que había al principio de la legislatura y otra de los que hay actualmente. Si ahora hay 128 y al inicio 43, una simple división no dará la respuesta. Sencillo y rápido. La prueba del algodón. Pues en lugar de eso, los portavoces del PSOE y del PAR, compinches en el Gobierno, se han limitado a decir que se cumple la ley y a negar que el número de puestos elegidos a dedo se haya triplicado. Eso sí que es moler gordo, don José Ángel y don Marcelino. Creo que los ciudadanos nos merecemos otro tipo de respuesta en aras de la transparencia que tanto predican. Aquí no se trata de que nos faciliten una información que requiere meses de investigación y análisis. Si ustedes no son capaces de dar una respuesta inmediata, pidan ayuda; cualquier funcionario de la escala básica les hará el cálculo en menos de un minuto. Así evitarán que los ciudadanos tengamos un concepto tan pesimista de nuestros dirigentes. Si son incapaces de dividir ciento y pico entre cuarenta y pico, no es de extrañar que se acojonen cuando les pedimos las cifras de Motorland o los nombres y salarios de los directivos de las empresas públicas. Creo que además de moler gordo, deberán aprender a hilar delgado. No nos amarguen los desayunos.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado

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