Leo con agrado los artículos de don José Miguel Gracia en el Diario de Teruel. Comparto muchas de las ideas que expone en sus escritos y difiero radicalmente de otras, especialmente de su nacionalismo pancatalanista. Su artículo publicado en este diario, Impuestos y servicios (24 de junio), refleja con sencillez para qué sirven los impuestos que pagamos los ciudadanos y se extraña de que el “españolito”, como él lo llama, se alegre cuando le bajan los impuestos. El motivo, don José Miguel, está en una frase que usted escribe y a la que no le da mucha importancia en su tribuna: “Otra cosa es racionalizar el gasto, exigir resultados a los funcionarios y gestores públicos, evitar despilfarros, reducir el fraude fiscal, etc.etc.”. Esa es la clave de todo. Si los españoles vieran que gracias a sus impuestos, nuestro sistema de enseñanza figura en los primeros puestos entre los países desarrollados, no se quejaría. Si el españolito viera que la justicia es independiente y acaba con la corrupción y la malversación de los dineros públicos, tampoco se quejaría. Si viera que los partidos proponen en sus listas a personas capacitadas, a los más brillantes y con mayor experiencia en la gestión, dudo que se quejaran de la subida de impuestos. Si nuestras costas no estuvieran invadidas por miles de toneladas de ladrillo y cemento, seguramente pedirían a gritos que les subieran los impuestos. Pero lo que ve el españolito de infantería es el saqueo del Palau de la Música, el caso Pretoria, los devaneos de la alcaldesa de La Muela, los desmanes del caso Gürtel, los chalets que se construyen los alcaldes y concejales de pueblos pequeños, medianos y grandes, los coches oficiales y las comidas que se zampan nuestros políticos a cuenta de nuestros impuestos, los jueces que son apartados de sus juzgado por cumplir con su deber, los jueces del Tribunal Constitucional que tardan cuatro años en pronunciarse sobre el Estatut, y mil chanchullos más. Y ante ese cuadro, que le muestra en qué se gastan una parte de los impuestos que paga, el españolito piensa, con toda la razón, que es preferible un euro en su bolsillo que en el de unos sinvergüenzas. De ahí viene la alegría del españolito ante una bajada de impuestos.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 24/7/2010
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