Don José, o señoría o excelentísimo o como leches haya que llamarlo. Siempre me ha parecido usted una persona rara. Y peligrosa. Raro porque, a ver cómo se lo digo…, usted tan pronto va de abanderado de los legionarios que le quieren poner una placa a sor Maravillas y cuando su partido no le apoya los llama hijos de puta—igualico, igualico que Esperanza Aguirre—, como nos sale con un discurso a la izquierda de la izquierda. Y es usted peligroso porque es simpático y campechano—o populista—, se maneja bien con la oratoria e incluso sus pequeños defectos de dicción, como el ejque y mire ujté, tienen su encanto. Eso hace que la gente bajemos la guardia y usted aproveche para metérnosla doblada que se suele decir. Si no fuera porque sé que es usted un hombre hogareño y de sanas costumbres, cuando escucho su hablar gangoso y pausado podría pensar que le ha dado usted a la frasca o se ha fumado alguna hierba extraña. Ciertamente señor Bono, usted ha demostrado una habilidad admirable para, antes de cumplir los 30 años, subirse al tren del poder y no bajarse desde entonces. Y ya no es un jovenzuelo a sus sesenta tacos. Es tanta su habilidad y tan embaucador su discurso que si no deja usted la presidencia de Castilla la Mancha para irse de ministro a Madrid, le habrían tenido que hacer, por decreto, presidente a perpetuidad. Usted arrasaba en las urnas, con la consiguiente desesperación de sus rivales políticos. Y es que ya he dicho que usted es peligroso. No se sabe el porqué, pero esa campechanía suya para mantener contentos a los obispos y a la vez ser amigo de los que nunca han pisado una iglesia, hace estragos en las urnas. Usted es lo que se llama un valor seguro. Una vez dijo que dejaba la política para dedicarse a la familia y todos pensamos que iba en serio. Pero el veneno del poder le había causado ya graves lesiones, había rebasado el punto de no retorno y al poco tiempo ya estaba usted de nuevo chutándose política en vena. Volvió a lo grande, de tercera autoridad del país, después del Rey y del presidente del Gobierno. Y es que su vicio es muy puñetero: se necesitan cada vez dosis mayores de droga para sentirse bien.
He comentado más arriba que se maneja bien con la oratoria y la retórica. Se le nota el ramalazo de los jesuitas con los que estudió usted. Es como Arzallus, otro jesuita que se le parece mucho en muchos aspectos. Son capaces de convencernos de una cosa y de su contraria en un mismo discurso. O de decir arre y so al mismo tiempo. Esa ambigüedad da buenos resultados. Ahora bien, lo mismo que le digo que se maneja bien con el florete de la palabra, también afirmo que algunas veces la caga bien cagada. Como en la carta que ha enviado usted a los diputados y a la opinión pública para justificar los salarios de sus señorías—y de paso el suyo— En las siguientes líneas intentaré darle los argumentos que me hacen pensar que usted no ha estado a la altura de las circunstancias. Que en este caso se ha comportado como el famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias zotes. Empieza diciendo que lo que ha costado el futbolista estrella, Cristiano Ronaldo, es ligeramente superior al presupuesto del Congreso. Y es cierto. Y es una vergüenza que por dar patadas a un balón se paguen esas cifras. Pero hay varias diferencias entre Ronaldo y el Congreso. A mí, Ronaldo no me cuesta un céntimo. El Congreso sí. Ronaldo es una inversión. Suponiendo que esté diez años en el Madrid, producirá un gasto de 15 millones anuales y seguramente generará unos ingresos de 30. En estos mismos diez años el Congreso habrá incurrido en mil millones de gastos y cero ingresos. Pero además, su argumento es perverso. Para ocultar una vergüenza utiliza otra mayor. Si un alcalde corrupto choriza cien millones, no convierte al que solamente roba diez en un ciudadano ejemplar. Y puesto a hacer demagogia como hace usted, yo podría decir que con lo que se gasta en implantes capilares podrían comer durante tres meses cien niños haitianos. O que con su sueldo mensual viven trece familias de mileuristas. O que con lo que cuesta cada misil Tomahawk que usted quiso comprar cuando era ministro de Defensa, podría vivir una familia durante toda la vida.
También la pifia cuando afirma que los salarios de los diputados son bajos comparados con los “de la alta dirección de empresas”. Tal vez haya parlamentarios de esa procedencia, o de despachos de abogados. Pero no haga usted como los mafiosos de las películas, que entregan maletines de dinero en los que el primer billete de cada fajo es auténtico y debajo sólo hay recortes de periódico. O los astutos banqueros que han hundido la economía con sus productos de apariencia atractiva, envenenados con las subprime, como cuando se quería matar a los perros dándoles de comer morcillas emponzoñadas con estricnina. De ahí la expresión ¡que le den morcilla!, con la que he estado a punto de dirigirme a usted. Es cierto que algunos parlamentarios podrían trabajar en puestos de la alta dirección de empresas pero hay muchos otros que ni siquiera servirían para la “baja dirección”. Para hacer fotocopias y poco más. Y qué clase de trabajo es ese, el de parlamentario, que lo mismo lo puede desempeñar una persona docta que otra ignara?
En lugar de decir cuánto cobra un diputado, usted opta por la ocultación y el enmarañamiento. Que si la pensión no es pensión sino complemento, que si la indemnización al contratante de la primera parte y que si los pobres diputados no tienen derecho al subsidio de desempleo. También calla que además de los 5.000 euros mensuales, perciben otro tipo de ingresos en forma de dietas, viajes, vacaciones de escándalo, reducción de cuotas de seguridad social, etc. Ocultar no es mentir, pero se le parece mucho. Ejque hay que ver como es usted, señor Bono. Mire, les he preguntado a un grupo de amigos y hemos decidido, en solidaridad con los pobres diputados, renunciar a nuestros salarios y beneficios y solicitar que nos sea aplicable el régimen de sus señorías. En toda su extensión. No nos dé las gracias. Es nuestra pequeña aportación en estos tiempos de crisis. Un abrazo, don José, que por lo demás es usted muy majo. Ejpaña le necesita.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
Tribuna DdT 3/3/2010
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3 comentarios:
Muy bueno el artículo. en la linea de tus mejores escritos.
Corrobora lo que le he escuchado un par de veces a un sevillano que ha intervenido en el programa de la hora de los oyentes de Luis del Olmo: En España hay 3 clases sociales: ricos,pobres y políticos.
Saludos
Ejcelente, señor Torres. La verdad es que Pepe Bono es todo un personaje, se mire por donde se mire. Posiblemente, pero por desgracia, se trata de un ejemplo de lo que la gran mayoría de españoles querría: un sueldo elevado, dietas, coche, secretaria y presencia en el papel cuché, pese a que una cada vez mayor parte de la sociedad comienza a darse cuenta - en parte gracias a geniales artículos como éste - que se están riendo en nuestra cara. Por lo menos démonos el gusto de criticarlos, aunque nuestro deseo tal vez se acerque más a colocarlos al mismo nivel que los pobres burros de Rute, es decir, casi en la extinción. Porque el político profesional, el que no tiene oficio ni beneficio ni, desde luego, no sabría sobrevivir más allá de hacer unas fotocopias, es uno de los males endémicos de nuestro país. Pero no menos cierto es que tenemos lo que nos merecemos, aunque, ¡qué carajo!, vaya suerte llevamos últimamente.
PD: Ronaldo es más guapo que Bono.
¡Excelente artículo! Describes muy bien al personaje. Y pensar que estuvo a punto de ganar en el congreso aquel en el que salió ZP Nos libramos del hijo del falangista pero nos cayó el nieto del militar republicano.
Lo malo de estos personajes, auténticos trepas profesionales de la política, son su poco curriculum profesional. Su trabajo siempre ha sido la política y maniobrar en el partido para seguir teniendo el máximo poder posible. En España este sistema de partidos está ahogando la democracia pues lo que se cuece en ellos es muy antidemocrático.
Yo creo,y muchos más que conozco me lo corroboran: ejte señor es un cara.
Ejperemos que de tercera autoridad no pase ¡por nuejtro bien!
ARB
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