En alguna ocasión me han preguntado algunos políticos si les tengo manía, si algún político me ha jodido la vida o me ha birlado alguna novia. Me han sugerido que cambie de registro y que en mis columnas arree candela a otras profesiones como enfermeros, ingenieras o trapecistas. Mi contestación ha sido siempre la misma: yo escribo mis propias partituras y si alguien quiere tocar en la orquesta del Diario de Teruel, que envíe sus sinfonías o sus ripios raperos a la redacción de la avenida de Sagunto. Que cada uno elija su repertorio y los palos que quiere tocar o repartir. A mi me pone el estilo cañero politiquero. Con todas las excepciones que se quiera y pidiendo perdón si hace falta a los que tienen los conocimientos necesarios y se dedican con honradez a la que debería ser una noble profesión, la verdad es que hoy la casta política ha convertido las instituciones en lupanares. No soy el único que piensa así. Raúl del Pozo con su magistral pluma lo expresa mucho mejor que yo al hablar del “patriotismo de partido, que consiste en apoyar una sociedad anónima a la que los banqueros le condonan las deudas y que se financia con la corrupción". A la mayoría de nuestros partidos, de Madrid, de Barcelona, de Cuenca o de Teruel, les importa un higo el país, la nación o la nacionalidad. Su único dios, el partido. Un conocido que lleva veinticinco años metido en política me decía con convicción: hay que hacer las cosas en el último año anterior a las elecciones; todo lo que se haga antes no sirve para nada; la gente se olvida. El objetivo es ganar las elecciones y renovar el contrato por otros cuatro años. Hay y ha habido algunos políticos brillantes y honestos. Como Tierno Galván. Suyas son estas palabras, citadas por del Pozo: “Las cualidades de los dirigentes de los partidos son las siguientes: la más crasa ignorancia en los fundamentos del difícil arte de gobernar, la osadía y la falta de aprensión proporcionales a esa misma ignorancia”. Tierno fue un profesor sabio, que ejerció de político y no medró con la política. Siguió viviendo en un piso pequeño alquilado en Madrid. No como muchos de los de ahora. Tal vez no fuera una mala idea para relanzar el turismo en periodo de crisis, hacer rutas para visitar los palacios que se construyen nuestros alcaldes, diputados y senadores. Con el dinero de todos y con su crasa ignorancia.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 28/2/2010
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2 comentarios:
Fantástico, don Evaristo. Creo que hay que insistir en este tema, y no sólo por la preparación intelectual que se requiere para un cargo público, sino por la imagen de despilfarro y derroche que instintivamente todos asociamos a la política. Hace ya mucho que se perdió la idea original (¿alguna vez se tuvo?) de servir al pueblo, por la de servirse del pueblo. No hay - salvo honrosas excepciones, claro - político que no haya utilizado el cargo para favorecer a alguien. Y eso es algo que todos percibimos y, lo peor de todo, que asimilamos como parte de la función de un político: enriquecerse hasta donde permite la ley (o más allá). Da igual que sea en el último pueblo de la última provincia o en Madrid. La cosa es llevarse la lana.
Enhorabuena por su artículo de hoy.
Ya es conocido por todos, bueno menos por los patriotas de partido que no saben no contestan, que nuestra política está infectada por varios males: incompetencia, corrupción, falta de representatividad, nivel cultural más bien tirando a bajo...etc,etc.
Naturalmente que los hay honrados,preparados, con ganas de servir a la gente; pero lo tienen crudo pues en nuestro pais mandan los partidos. Estos si que lo tienen atado y bien atado,no como aquel general.
Nada más faltaría que nadie se metiese con ellos, que se callaran sus tropelías y sinsentidos. ¡Animo Evaristo! sigue deleitándonos con tus artículos de prosa acertada e inteligente.
ARB
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