Tantos años de democracia, tanta España envidiada por el mundo mundial, tanta novena potencia y tanto superar a Italia, y resulta que en cuatro días hemos vuelto a lo de siempre, al pelotón de los torpes, compartiendo podio con Grecia y Portugal. Triste imagen la de un Gobierno a la deriva, en la que su figura más brillante es el bachiller José Blanco, que ha pasado del ayuntamiento de su pueblo, al sillón de Ferraz y de ahí a la butaca de Fomento. Y es que vivíamos en una burbuja. Burbuja inmobiliaria pero burbuja al fin y al cabo. Las hostias nos llueven por todas partes, desde el comisario socialista Almunia, nada sospechoso de conspirar contra el PSOE, pasando por el prestigioso economista y premio Nobel, Paul Krugman, tampoco sospechoso de cojear de la pata derecha, y acabando en el Finantial Times y The Economist. Y para hacerles frente a todos, ha tenido que salir a sacar pecho el eximio Pepe Blanco, no el cantante de la Rioja, que ya lleva años criando malvas, sino O Bruxo de Palas de Rei, para hablarnos de conspiraciones y de maniobras contra Zapatero. Esto me recuerda a la monserga de antaño cuando otro gallego de baja estatura física e intelectual nos hablaba de contubernio judeo-masónico. En ambos casos se pretende esbozar un argumento de autoridad aunque considerando la autoridad y prestigio de quienes los pronuncian tal vez fuera mejor denominarlos argumentos por mis cojones, o es así porque lo digo yo. Para que me entiendan mejor: ¿confiarían ustedes en lo que les dijera un pocero sobre una operación de intestino? Viendo el currículo de muchos de nuestros políticos, de los bachilleres, o incluso algunos ni eso, que no han trabajado en ningún sitio, que a la única prueba de selección que se han presentado ha sido a la del método ogino de su partido, no es de extrañar que estemos donde estamos. Y da lo mismo que gobierne el Pesoe o el Pepé. Mientras sigamos eligiendo a caldereros para ejercer de relojeros lo único que podemos esperar de ellos es que se comporten como el pato de la Patagonia: una pisada, una cagada. Aunque se pongan corbatas de Armani, ellos, y pañuelos de Loewe, ellas. El hábito no hace al fraile ni a la fraila, que diría la eurodiputada socialista Carmen Romero, ex presidenta consorte. Con mucha sorte.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 12/2/2010
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1 comentario:
Genial. Además queda muy bien en el periódico junto al artículo de Vicente Guillén...Gracias por decir las cosas como son y por dar candela a tanto estómago agradecido.
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