“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

jueves, 1 de octubre de 2026

Una pila de nombres

Hace unos días, uno grupo de amigos hablamos sobre los nombres de pila. Una de las presentes iba a ser madre en unos meses (y yo abuelo de mi tercer nieto). Se habló de nombres feos y de nombres bonitos; de nombres cortos y largos, españoles y “mucho españoles” y de otros extranjeros. Yo considero que no hay nombres agradables o desagradables, todo depende de la frecuencia de uso, la época y de la persona que lo lleva. Nombres en apariencia poco atractivos como Dolores o Angustias, debido a su abundancia (el segundo, especialmente en Granada) nos parecen bien. Lo mismo pasa con los nombres masculinos y femeninos. Hay algunos que no nos suenan raros. Julio y Julia, Luis y Luisa, Antonio y Antonia; pero qué decir de Teresa y Tereso, Magdalena y Magdaleno, Margarita y Margarito. En cuanto a la época, hace cincuenta años Hermenegildo, Salustiano, Evaristo, Sandalio, Redención, Patrocinio, Basilisa o Donatila eran considerados “normales”.  La desconexión religiosa en unos casos y la ideológica en otros (por ejemplo, Acracia y Progreso) han conseguido que muy pocas personas se llamen así. La persona que lo lleva también influye mucho. Yo tuve un jefe que se llamaba Gabriel. Mala persona, egoísta, violento. Evocar ese nombre me producía escalofríos. Años más tarde conocí a una mujer de nombre Gabriela: buena, inteligente, dulce. Gabriela desde entonces me parece un nombre que no me importaría poner a una nieta. Otra moda actual son los nombres importados de los Estados Unidos, debido a la invasión cultural del cine, la música y las series. Nancy, Dylan o Kevin son hoy frecuentes. Finalmente, está la proliferación de los nombres cortos, hipocorísticos, registrados como oficiales: Nico, Álex, etc. Tal vez dentro de unos años se acepten los hipocorísticos de los hipocorísticos: Ni y Al. En eso nos pareceremos a los chinos. De niño tuve un amigo chino, Woo, a quien mi madre llamaba Guau, por parecerle palabras homófonas. Y hablando de confusiones, cuando yo llegué a Alemania, donde permanecí unos años, un compañero de trabajo me presentó a un amigo y su perro pastor alemán: Wolfgang y Oskar, me dijo. Por similitud con el inglés Wolf, lobo, yo creí que Wolfgang era el nombre del perro y Oskar el del dueño. Pero estaba equivocado. Hice el ridículo cuando acaricié al chucho y le dije cómo estás Wolfgang, ante las risas de los alemanes.

Evaristo Torres Olivas

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