El lenguaje ha sido, y sigue siendo en muchos casos, sexista y denigrante para para mujeres. Decimos que una película o un libro malos son un coñazo y si nos gustan los calificamos de buenos de cojones. Un zorro es un hombre astuto y una zorra, una prostituta. Y así muchos ejemplos más. Hace unos días, Blanca Herreros, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de León, ha calificado como “chochocharlas” los encuentros relacionados con el género y ha pedido que se les retiren las subvenciones. Está claro que el lenguaje soez está muy arraigado en nuestros y nuestras políticos y políticas. Basta recordar al “puto amo” del ministro Puente o al “hijo de puta” de la presidenta Ayuso para referirse a la misma persona. Yo sugiero, ya que es difícil eliminar el vocabulario grosero, que al menos sea inclusivo. Que recurran al desdoblamiento, a los términos neutros y a otras alternativas. Estas otras posibilidades no incluyen al uso de la “e”, la “x” o la “@”: polítiques, politicxs y polítiqu@s. Supongamos que un miembro, no miembra, de un partido interviene en un parlamento y quiere clasificar las palabras de la oposición como tonterías. Debe decir “chuminadas y soplapolleces”; eso es el desdoblamiento. O todavía mejor: “Señoría, sus argumentos son de “chichinabo”. Otro día les hablaré de las alternativas para que una mujer deje de decir que “el olor de este perfume es penetrante” o que un hombre evite afirmar que “lleva unos meses que chochea mucho”.
Evaristo Torres Olivas
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