La política con frecuencia es un espectáculo; un circo, para ser más preciso. En los parlamentos, en los debates, en las tertulias, salen lo políticos a hacer el payaso. Pero, desgraciadamente, no han estudiado interpretación, ni han asistido a cursos de clown. Creen que una imagen, un objeto vale más que mil palabras y se lanzan a hacer el ridículo. Así tenemos a Pilar Alegría mostrando ocho veces el mismo cartel en un debate, a Rufián con una impresora en el Congreso y a otros muchos luciendo camisetas con las consignas de su partido. Algunos se pasan, mostrando objetos peligrosos, como Albert Rivera o Ayuso sacando un adoquín. Si lo comparamos con otros políticos de fuera, como Milei y su motosierra, no revisten tanta importancia. Cierto que en España tuvimos a Tejero pegando tiros en el Congreso, pero no era político. Las cosas han cambiado en los últimos días: una diputada del PP, Ana Vázquez, se quiso hacer la graciosa con un spray de pimienta que ha terminado con 12 personas atendidas por los médicos y varias zonas del hemiciclo precintadas. A mí no me hubiera extrañado que Ayuso, adoctrinada por Miguel Ángel Rodríguez, MAR, apareciera en la Asamblea de Madrid con un peluche de un perro, dada su experiencia con Pecas, chucho de Aguirre, y dijera que era su nueva mascota que se llama Sanxe, Perro Sanxe; o un muñeco de Pinocho al que presentaría como Pedro I, el Mentiroso, como llama Luis del Val al presidente en su última columna en el Diario de Teruel. Pero todo tiene un límite. Con ciertas cosas no se puede hacer el payaso. Entre decir que te gusta la fruta, mostrar ocho veces el mismo cartel o exhibir una impresora y blandir una motosierra, una pistola o un spray de pimienta hay una enorme diferencia. Hay payasadas que no son admisibles en una democracia.
Evaristo Torres Olivas
1 comentario:
Los políticos no son más que el reflejo de la sociedad que los vota. Parafraseando a Anguita: educación, educación y educación
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