Asistí el domingo a la manifestación en Teruel convocada por la Asamblea de Vivienda. Un encuentro justo y necesario. Sursum corda, levantemos el corazón. Lo diga el cura en la misa o el sursuncorda. Exigir que se cumpla la Constitución y apoyar a las personas que lo necesitan debería ser una obligación para todos. Dicho esto, quiero resaltar algunas cosas que deberían mejorar. En esta época de lo políticamente correcto, quienes intervenían con micrófono en mano, cuidaron el desdoblamiento léxico: ciudadanos y ciudadanas, inquilinos e inquilinas. En algunos casos incluso se recurría al femenino como genérico. Pero a la hora de insultar, no había desdoblamiento que valga. Los malos eran siempre masculinos: “Son unos perros al servicio de los poderosos”, gritaban, en lugar de son unos perros y perras al servicio de los poderosos y poderosas. Y hablando de insultos, podrían haberle echado algo más de creatividad e imaginación para evitar expresiones como “la escoria fascista y ultraderechista”. También me resultó fuera de lugar un reiterado grito: “Rentistas, hijos de puta”. Estamos acostumbrados a que el ministro Puente llame al presidente “el puto amo”, pero nunca dirá que una ministra es la puta ama. Ayuso llama a Sánchez “hijo de puta”, pero nunca hijo de puto. Ahí no hay desdoblamiento que valga. Otra cosa que me llama la atención es llamar “fondos buitre” a estos fondos especulativos. ¿Qué culpa tienen los buitres en todo esto? Los buitres son aves que cumplen una función ecológica para eliminar cadáveres y evitar la propagación de enfermedades. Al comparar los fondos con los buitres, se les hace un favor: los inquilinos serían carroña que hay que eliminar para preservar la salud de la sociedad. No hace falta ser un lince macho o hembra (linza, que diría la exministra socialista Bibiana Aído, inventora de la palabra miembra) para darse cuenta de tales despropósitos.
Evaristo Torres Olivas

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