Llevamos unas semanas en las que aparecen noticias todos los días sobre los therians, esas personas que se identifican como animales. Como si eso fuera algo nuevo. Quizás la diferencia está ahora en que han salido de la jaula o del nido y ya no son solo cuatro gatos, sino que hay de todo, perros, cerdos, cabras, etc. Solo hay que repasar nuestra historia y las expresiones populares para darse cuenta de que la cosa viene de largo. Hace unos años, una cantante nos decía que se consideraba una potra salvaje. Incluso hay animales que han sido grandes jefes, como Toro Sentado. Yo tengo dos conocidos: uno es un rata y otro, un ratón de biblioteca. Otras son linces, burros o borregos, según su grado de inteligencia. ¡Menudo pájaro está hecho!, decimos de alguien que no es de fiar. Y si hace tonterías, que es un ganso o que hace el pavo. Quienes cuidan poco su higiene son cerdos, gorrinos o puercos. No tener escrúpulos para amasar dinero es ser un buitre y no estar bien de la cabeza es estar como una cabra. En el mundo del deporte, especialmente en las carreras a pie, hay hombres y mujeres que son liebres y gacelas. En el tráfico de drogas abundan los topos y los camellos. Una profesión muy digna y mal remunerada es la de canguro. Los cobardes son gallinas y los chulitos, gallos o gallitos. Los hay también que no se identifican con un animal en concreto y utilizan el genérico de bicho o bicharraco. De las personas atractivas se dice que son muy monas. Incluso hay personas que se llaman Delfín, Paloma o León. Y apodos con nombre de animal, los hay en abundancia. No cito ninguno para que no se molesten mis amigos. A mí me gusta hacer el oso, pero el animal con el que más me identifico es con el bubuto (abubilla; en mi pueblo es sinónimo de ababol, bobo, tonto o atontado). Soy un therian. ¡Guau!
Evaristo Torres Olivas
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