Antes de seguir leyendo, les recomiendo que miren durante un par de minutos la fotografía al final de esta columna. Ahora, sigan con la lectura. Ese cartel aparecía en un supermercado de Madrid, donde he estado hace unos días. A primera vista, se ve un chollo: un artículo que de 29,30 euros pasa a 4,50. “Super Precio” anuncian en letras grandes. Un ahorro de 25 euros. Pero hay que leer la letra pequeña. El primer precio es por cinco litros y el segundo, por un litro. Mayor estafa, imposible. Es marketing, dirán los expertos. Es engaño y manipulación, digo yo. Y todo muy legal. El mercado es el mercado. Dentro de poco, no sería de extrañar que los poderes públicos nos envíen una carta para decirnos en grandes letras que nuestra pensión se ha revalorizado y pasa de 1 000 euros a 14 000, para añadir a continuación, en letras ilegibles, que la primera cifra es mensual y la segunda anual. Yo hablé con el encargado del supermercado y le dije que esa oferta me parecía un engaño y de malas maneras me mandó a la mierda. No sería de extrañar que la próxima promoción sea de 30 euros a 2 céntimos y nos aclaren en letras minúsculas ilegibles que en el primer caso se trata de una botella de dos litros de whisky escocés y en el segundo de dos gotas. Calidad al mejor precio, siempre pensando en el cliente.
Evaristo Torres Olivas
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