Ayer asistí a una interesante ponencia en la Subdelegación del Gobierno en Teruel: La depuración de las maestras y maestros en la provincia de Teruel (1936-1945). Nos hablaron, con nombres, fechas y cifras, de la destrucción de la escuela por los franquistas. Los nuevos maestros eran adictos al régimen y muchos de ellos carecían de la formación pedagógica necesaria. Las aulas eran espacios de adoctrinamiento, con separación de niños y niñas y en los que las chicas ocupaban un lugar secundario.
Mientras escuchaba a los ponentes, Serafín
Aldecoa y Pilar Abós, y a la moderadora, Concha Hernández, me acordé del lamentable
artículo de opinión de Pilar Buj, diputada de Teruel Existe en las Cortes, en
el Diario de Teruel de hace unos días. Escribía: “Desde hace más de 135 años,
bajo regímenes políticos muy distintos y contextos socioculturales diferentes,
la escuela pública ha sido garantía de educación de calidad y de equidad
social, de libertad de pensamiento y de educación”. La señora Buj no es,
aparentemente, sospechosa de adhesión al ideario franquista: fue secretaria
general de Comisiones Obreras de Teruel durante seis años. Le habría convenido
asistir al acto de la Subdelegación para informarse mejor.
La otra cosa que me llamó la atención fue que, en una pared de
la entrada al salón de actos, aparece una enorme placa de mármol con los
nombres de gobernadores civiles y subdelegados del Gobierno en Teruel desde el
año 1974. Una larga lista de muchos hombres y una sola mujer. En cincuenta
años. Lo cual no es obstáculo para que el actual ocupante del puesto, Enrique Gómez,
en la presentación de la ponencia recurriera una y otra vez al innecesario
desdoblamiento de ciudadanos y ciudadanas, maestros y maestras y media docena más.
Hechos son amores. Por otra parte, ¿qué mérito tiene figurar en una placa de mármol
para un puesto nombrado a dedo? Y encima pagada con dinero público. Tal vez sería
mucho más interesante poner los nombres de todos los políticos corruptos, con
nombre, apellidos y cantidades robadas al erario. Aunque las placas fueran de
cartón o de papel para empaquetar chorizos.
Evaristo Torres Olivas

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