Escribe la aspirante a alcaldesa por el PSOE, Lola Ranera, en su cuenta de Facebook: “Ha sido todo un privilegio lucir este traje del que destacan el mantón de verano, la salla (sic) de tela antigua y una venera con gran valor histórico”. Me gusta entrar en las redes sociales de los políticos, especialmente en periodos preelectorales. Resumen de lo que uno se encuentra: dos líneas de texto y mil fotos del político o política. Esa es la proporción igualmente en el caso de Lola Ranera. También hay muchos “me gusta” que le dicen “guapa, preciosa, preciosa, guapa”. Escribo yo un comentario en el que digo lo siguiente: “Sé qué es una saya, pero no una salla. Quizás sea una falta de ortografía más grande que el Pilar de Zaragoza”. Y como la libertad de expresión es algo que muchos políticos proclaman, para ellos, no para los demás, doña Lola en su cuenta de Facebook corrige la falta de ortografía, pero elimina mi comentario. El resto de comentarios, los que dicen “guapa, preciosa, preciosa, guapa”, permanecen. Lo correcto habría sido corregir la falta y darme las gracias, pero eso no sería asumible para un ego de siete metros de altura, especialmente cuando Belloch dice de ella que destaca por su “seriedad, honradez, honestidad, rigor, capacidad”. Lo de la falta de ortografía es peccata minuta, pero si lo censuran, ya se pueden imaginar lo que estas personas son capaces de hacer para asuntos de mayor importancia. Pero no solamente algunos políticos ejercen la censura. La periodista Eva Defior, directora del Grupo de Comunicación La Comarca, de Alcañiz, me censuró un comentario a un artículo de opinión suyo en la web de su periódico. Escribía la señora Defior esta frase: “La presión por el miedo a que falle, a que pierda el control o hierre (sic) desaparece”. Le comenté que errar es cometer errores y herrar, poner herraduras a los borricos. De nuevo, corrigió la “burrada” y eliminó el comentario. En una democracia, se necesitan buenos políticos y buenos periodistas; personas honestas, que defienden la libertad de expresión como uno de los pilares de un Estado de derecho. Pueden equivocarse, porque errar es humano. Pero lo que no debemos tolerar es que censuren a quienes no les doran la píldora.
Evaristo Torres Olivas

1 comentario:
De La Comarca tengo la misma experiencia que tú con el Diario de Teruel.
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