Me han llamado la atención dos spots emitidos en días pasados para celebrar el Día de Aragón. Uno de la Universidad de Zaragoza. Magnífico. Emotivo. Con un fondo musical de la canción Aragón, de Labordeta, se van sucediendo imágenes de nuestra tierra. Y termina con una felicitación del Día de San Jorge. Un minuto de duración. El otro spot también dura un minuto. Es del PSOE. No se pueden enumerar tantos tópicos, lugares comunes, clichés o como los queramos llamar en tan poco tiempo. No falta ni uno: somos cabezones, modestos, agustinos y agustinas, tenemos siempre un pilar donde apoyarnos, las peñas, el guiñote, estar a cinco mil kilómetros de casa y suplicar por un ternasco y… el nudico en la garganta cuando se escucha una jota. Y, para terminar, una frase en mayúsculas obra de algún genio de la creatividad publicitaria: EL ORGULLO VA POR DENTRO, el logo del PSOE y un corazón con los colores de Aragón. Aunque yo intente no perder la compostura en estas líneas, han de saber que LA PROCESIÓN VA POR DENTRO, también en mayúsculas. Me molesta que se quiera adularnos con simplezas, por no decir tontadas. En Aragón tenemos de todo, como en todas partes y unos políticos no pueden generalizar de esa manera. De Aragón eran Goya, Buñuel y Labordeta. Pero también hemos tenido y tenemos delincuentes, chapuceros y ladrones. Junto a políticos decentes, hemos tenido y tenemos a Roldán y María Teresa Pinilla. He vivido en varios países y, dentro de España, en distintos lugares. En todas partes me he encontrado con aragoneses a los que he admirado, que me han emocionado y me han ayudado; pero también con otros que me han hecho sentir vergüenza y que han hecho todo lo posible por pisarme. Lo mismo podría decir de andaluces, catalanes o vascos; bretones, lombardos, bávaros o quebequeses. Uno se puede sentir orgulloso de algo que consigue con esfuerzo y dedicación, superando obstáculos y dificultades. No tiene mucho sentido sentirse orgulloso de ser aragonés cuando es algo que no se ha elegido, sino que se debe al azar. Tampoco tiene sentido lo contrario: renegar de las raíces y hablar pestes del lugar donde se nace. Ni ir con la cabeza bien alta por ser aragonés, pero tampoco mirando al suelo avergonzado.
Evaristo Torres Olivas

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