El sábado 12 de febrero dos personas me insultaron en las redes. En lugar de sentirme mal o enfadarme, me alegré. Mucho. Algo estoy haciendo bien, me dije. No es la primera vez que me insultan, pero sí que lo hagan dos veces en el mismo día. Quien opina se expone a que lo critiquen. Lo de insultar es otra cosa. A las tres de la tarde del sábado leí lo siguiente: “Otro rojo bolivariano de mierda, amigo de los que gobiernan con los comunistas y son amigos de los etarras”. Mi “delito”: criticar en las redes unas declaraciones de García Egea, secretario general del Partido Popular. Media hora más tarde, tras opinar sobre una intervención del podemita Juan Carlos Monedero en YouTube, recibo esta respuesta: “Trols Multicuentas Fachis. No responder. No Dinero. Difunde. No Piques su nombre”. Adorna su comentario con varios emoticones de excrementos y de bocas que vomitan. Aunque ustedes no lo entiendan, a mí la respuesta de cada uno de esos ciudadanos me llena de orgullo y satisfacción, como decía uno que nos felicitaba las navidades y ahora está descansando en Abu Dabi. Que unos me llamen rojo y otros, facha, y que lo ilustren con mierda quiere decir dos cosas: la poca imaginación que tienen los insultadores y que mis críticas molestan a unos y a otros, a diestra y siniestra. Pero, para que se me bajen los humos de tanta euforia, en las redes sociales los insultos y la polarización son lo habitual. Los líderes abren cuentas y esperan que los seguidores actúen como hooligans. Nada de debatir ni de argumentar: lo que procede es el degüello de quien se atreva a discrepar. Recomendaría a estos exaltados que leyesen algún libro serio sobre el arte de insultar. No es bueno recurrir siempre a rojo, facha, trol, caca, culo, pedo, pis y mierda, venezolano, bolivariano, amigo de terroristas y enemigo de España. Si mejoraran su técnica insultadora estoy seguro de que me brotarían las lágrimas. Pero no de tristeza ni de enfado. Sí de felicidad.
Evaristo Torres Olivas
1 comentario:
Ya se sabe, Evaristo, que la ignorancia y la incultura son muy osadas y no reparan en atacar o insultar, sin saber ni a quien, ni por qué. Un buen amigo mío decía ante estos casos: "ante tanta estupidez me siento indiferente".
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