Quienes sigan a Francisco Belmonte en las páginas del Diario de Teruel tituladas Tauromaquia se habrán dado cuenta que muy objetivo no es. Y tampoco una persona de gran erudición y refinada cultura. Para él, en el mundo hay dos tipos de personas: los buenos y cultos que aman las corridas de toros, la fiesta nacional y nuestras tradiciones y los malos, pseudointelectuales e ignorantes antitaurinos. A estos segundos los insulta, desprecia y acusa de querer convertir a los toros en mascotas y otras tonterías. Este pensamiento dicotómico, esta rigidez de verlo todo como blanco o negro, bueno o malo, inteligente o idiota, conmigo o contra mí, sin matices, sin posturas intermedias es preocupante y propio, en ocasiones, de personalidades autoritarias y violentas. Hay intelectuales, filósofos y escritores que defienden las corridas de toros y las consideran un arte. Algunos de esos intelectuales me gustan y otros no. Hay intelectuales, filósofos y escritores que consideran las corridas de toros como una crueldad, una prueba de machismo y androcentrismo. Algunos de esos intelectuales me gustan y otros no. Pero a ninguno, ni a los taurinos ni a los antitaurinos, los considero como ignorantes o paletos. Y confieso que me gustaba leer a algunos críticos taurinos como Joaquín Vidal, no porque me gusten las corridas de toros, que no me gustan, sino por lo bien que escribía. Que don Francisco no es una persona muy cultivada lo demuestra su lenguaje y las patadas que da a la ortografía y a la sintaxis. En su columna de opinión del pasado 4 de diciembre suelta una perorata copiada de alguna enciclopedia taurina en la que utiliza palabras que seguramente no sabe qué significan: “principio genésico, rituales de taurocatapsia, culto sincrético etc.”. A continuación, no tiene inconveniente en hablar del “sagrado vóbido [sic] y que “el toro está en el mismo adn[sic] de nuestra civilización. Si no se sabe escribir bóvido y si desconoce que las siglas se escriben con mayúscula, es fácil deducir que las frases de erudito son producto del corta y pega. Para confirmar el extremismo de don Francisco, les sugiero que también lean su último escrito en el Diario de Teruel del pasado 11 de diciembre, De mascotas y animales, donde lo menos agresivo que cuenta es que “para un urbanita de nuevo cuño, ni la cuadra del caballo que visita con los niños por la Inmaculada debe oler a mierda, ni el gallo debe cantar hasta bien entrada la mañana”.
Evaristo Torres Olivas
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