“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

jueves, 21 de octubre de 2021

Hacer el tonto

 Publicado en Heraldo de Aragón, 25 de octubre de 2012

 No hay edad límite para hacer el idiota. Yo tengo 66 años y lo hago con frecuencia. Ya me dirán si no es hacer el imbécil salir a caminar solo por la calle con una mascarilla puesta y quitármela cuando me siento a tomar una cerveza en el bar con los amigos. Ni metro y medio de separación ni leches. Todos juntos, codo con codo, que para eso somos amigos. Y un amigo no te puede hacer nada malo. El único consuelo que me queda es que no soy el único en hacer el bobo. Ya saben, mal de muchos, consuelo de tontos. Hace unos meses, para operarme de la vista en un hospital de Zaragoza, me metieron en una ambulancia con cinco personas más, también codo con codo, y ninguno éramos amigos, ni siquiera conocidos. Eso sí, nos dijeron que había que ponerse mascarilla. El vecino de asiento, cada vez que hablaba se la colocaba a la altura de la barbilla, seguramente por educación, para que se supiera quién hablaba y no lo confundiera con un ventrílocuo. Al igual que no se habla con la boca llena, tampoco se hace con la boca tapada. Pero también hay gente con una cabeza privilegiada que actúa con lógica. Hace unos días, después de cenar con unos amigos en el bar del pueblo, los cuatro en una mesa y sin mascarilla, por supuesto, al salir a la calle para irnos cada uno a su casa, el listo nos suelta: vamos a ponernos las mascarillas, que hace frío. Y efectivamente, hacía frío y la mascarilla no estorbaba. Propongo a los fabricantes de mascarillas que, de cara al invierno, sustituyan la celulosa por tela de forro polar o cuero, aunque sea sintético. También les sugiero que fabriquen mascarillas en una amplia gama de colores porque otra cosa que he observado es que muchas personas, hombres y mujeres, llevan la mascarilla a juego con el vestido o la camisa. Seguramente se las han hecho en casa o las han comprado en una tienda de El Corte Chino por un euro la bolsa de diez y no son fiables. Por último, les pediría a los fabricantes que colocaran en cada mascarilla un trocito de adhesivo para, con un simple golpe, pegarla en la manga del jersey cuando nos sentamos en el bar con los amigos y así evitar ponerla en el cuello, sobre la mesa o en el respaldo de la silla.

Evaristo Torres Olivas

1 comentario:

Isidro Lázaro dijo...

Uno de los sistemas más comunes es colgar la mascarilla de una de las orejas mientras se está comiendo o bebiendo. Queda muy original y guay. 🤣🤣🤣