“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

miércoles, 9 de marzo de 2011

La comparaciones no son odiosas

Tengo delante dos textos. Escritos por dos maestros de escuela. Uno en ejercicio y el otro viviendo del cuento de la política desde hace décadas. Los dos textos son similares en extensión. Comparar dos cosas aparentemente similares es bueno. Nos ayuda a elegir . Otras veces, aunque sabemos que lo que tenemos delante es bueno, nos hace ilusión ponerlo al lado de lo que también sabemos que es malo, para apreciar mejor, por contraste, la calidad de lo auténtico. Un Velázquez entre los brochazos de un aficionado brilla mucho más que si está rodeado de otro Velázquez. Eso los saben bien los publicitarios, cuando nos ponen el antes y el después de un tratamiento antiarrugas, una dieta milagrosa, o la diferencia entre lavar con el detergente Pascual o el detergente Fatal. El texto del maestro en ejercicio es sencillo, claro, ordenado, con una sintaxis impecable y los puntos y las comas en su sitio. Lo que escribe el maestro que lleva treinta años viviendo del cuento del politiqueo es confuso, enrevesado y caótico; en cuanto a los puntos y las comas, me atrevería a decir que los tenía en una bolsa y que una vez que ha escrito el texto de un tirón los ha lanzado al buen tuntún y allí donde han caído, allí los ha dejado; tal cual. Escribe cosas como “personalmente se acomoda a mi situación personal” o “la libertad personal que toda persona tiene”. El maestro que escribe bien no tiene coche oficial, su salario es modesto y no sale en los periódicos. El maestro que escribe mal se ha pegado media vida con coche oficial, un salario que triplica, cuadruplica o quintuplica el del maestro que escribe bien y sale todos los días en los periódicos. El maestro que escribe bien se llama Pedro J. Rubio Hernández. Es maestro de Torrelacárcel y coordinador del seminario de bibliotecas del CRA de Santa Eulalia. El maestro que escribe mal se llama Miguel Ferrer. Es diputado, concejal del ayuntamiento de Teruel. Ha sido presidente de la Diputación de Teruel, consejero de la DGA, alcalde de Teruel y no sé cuántas cosas más. Ahora ha formado un nuevo partido para seguir viviendo del cuento. Ojalá que no le vote nadie. Pero que tampoco se le ocurra volver a la enseñanza.

Evaristo Torres Olivas

2 comentarios:

Pedro J. Rubio dijo...

Hola Evaristo.
Te había leído en el diario de Teruel pero no había entrado en tu blog.
Me han mandado esta reseña desde Barcelona, así que por allí alguien te lee.
Soy Pedro J. Rubio y agradezco mucho lo que dices sobre mí.
Un saludo.
Pedro

Eto dijo...

De nada, Pedro. Hay otros maestros, desertores de la tiza, además de Ferrer, que nos torturan con sus escritos. Se llaman Ángel Gracia y Yolanda Casaus. Afortunadamente, maestros como tú prestigian la profesión.