“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 11 de febrero de 2011

Trinidad

No son los tres tenores. Más bien me parecen tres tontos en apuros o los protagonistas de un “remake” del spaghetti western Le llamaban Trinidad. Me refiero al trío, terna, trinca o triunvirato que aparece en la foto que publica el Diario de Teruel del día 8 de febrero: Larred, Arrufat y Guillén. La ejecutiva del PSOE de Teruel se reunió en Utrillas para, según publica el Diario, llegar a la conclusión de que el reciente acuerdo económico y social es de “trascendental importancia”. Y tiene razón la Ejecutiva: el acuerdo echa un pestazo que trasciende. Miro detenidamente la foto e intento imaginar qué papel representa cada uno en la farsa del partido. A Larred lo veo como el jugador de póquer que recurre a todo tipo de trampas para timar y desplumar a la concurrencia. Arrufat, por su aspecto físico, es el brutote de la pandilla, experto en el método que, según mi amigo José Antonio, utilizaba el perdonavidas de su infancia, el que le decía al chaval que no le dejaba el balón: “muchicho, que te saco los ojos”. También lo veo en el papel de censor del periódico local. A Guillén lo imagino en el rol del listillo del grupo, de tuerto entre los ciegos, el que con dificultad sabe escribir su nombre entre los que firman con la huella del dedo índice. Es autor de frases tan célebres como la que escribió en la necrología de Gerardo Torres el pasado día siete de enero (recomiendo su lectura, para que puedan hacerse una idea de cómo es capaz de destrozar un idioma uno que se dice licenciado en Filosofía y Letras). Escribe Guillén, entre otras muchas sandeces: “De él [de Gerardo] pudiéramos empezar y terminar diciendo que nació y murió socialista”. Puedo entender que de una persona pueda afirmarse que murió siendo fiel a sus ideas socialistas. Pero me cuesta más imaginar a un recién nacido saliendo del vientre materno con un puño cerrado y una rosa en la otra mano; o que el médico le diga a la madre: señora, ha dado a luz a un socialista. Sin embargo, no tengo ninguna dificultad en admitir el diagnóstico de expertos en medicina y comportamiento humano cuando afirman que quien nace imbécil lo es toda su vida.

Evaristo Torres Olivas

1 comentario:

Abogado dijo...

Lo has clavado Evaristo. Felicidades por este artículo. No se puede expresar mejor la tontura de la terna