“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

jueves, 24 de febrero de 2011

Lo que cuesta un censor

Hace unos días, ordenando papeles, me encontré con unas hojas que me envió un lector hace un par de años. El documento, con membrete y sello de la Diputación Provincial de Teruel, y firmado por su presidente, Antonio Arrufat, lleva por título Bases de ejecución del presupuesto 2009. En el capítulo VIII- órganos de Gobierno, retribuciones e indemnizaciones de los miembros de la corporación, se recoge, entre otras, la guita que se lleva cruda el señor Arrufat. Su salario para el 2009 era de 81.878,30 euros. Además, por su “pertenencia a órganos de gobierno de patronatos, fundaciones, sociedades, comisiones externas e instituciones análogas “, percibe 5.648,64 euros. El documento no precisa si es importe se cobra por cada uno o si da lo mismo que se pertenezca a una o a siete. Arrufat es miembro de varias de esas instituciones. A esa cantidad habrá que sumar el coche oficial, el salario del chófer, de los asesores y secretarios de confianza, y lo que manduca y tapinea a nuestra costa. Y les aseguro que don Antonio tiene buen saque y no se conforma con un bocadillo de salchichas y un vaso de don Simón. Y todo ese dinero, ¿para qué? Para mal representarnos sin que lo hayamos elegido (al presidente de la Diputación lo nombra a dedo el partido). De aspecto tosco y mal encarado, don Antonio no ha sido agraciado con el don de la elocuencia, ni siquiera para leer los discursos que le escriben otros (¿Raúl? ¿Conchita?). Aburre a las ovejas, esas que él conoce tan bien por su condición de veterinario. Tal vez ese dinero sea el precio a pagar por ejercer de censor del Diario de Teruel. Don Antonio es muy tolerante con algunos, por ejemplo Javier Arnal, destacado miembro del Opus y que colabora asiduamente en el Diario. O con el foro independiente de opinión, un grupo de fundamentalistas rancios. Pero esos son la derecha y a don Antonio no le molestan. Los que de verdad lo encabronan son aquellos que le critican desde la izquierda. Don Antonio, Guillén y la plana mayor del PSOE de Teruel creen ser los únicos depositarios de la izquierda (manda huevos la izquierda que representa el PSOE) y por eso están dispuestos a pagar el precio que sea (del contribuyente, no de su bolsillo) para fulminar cualquier crítica desde la izquierda. Joder, qué caros son los censores. Los de Franco eran más baratos. E igual de torpes.

Evaristo Torres Olivas

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bueno, hay que entender que para según qué opiniones el estado español da libertad de expresión, sí, pero siempre que no se entere demasiada gente... o que no se deformen, descontextualicen, etc, etc, etc... por nuestros "imparciales" medios de comunicación.
En la práctica, todo estado hace lo posible, lo imposible... y lo que no nos cuentan para ahogar cualquier discrepancia. También para que la población bienpensante no se tope con nada que pueda romper ¿sus? esquemas...

Saludos