“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 19 de julio de 2010

De cajón

Hay cosas tan de sentido común, tan fáciles de entender, que parece mentira que el Papa, un tío listo, que sabe alemán, latín y griego y la tabla del nueve, la más difícil, no las entienda. Cada día, él y sus palmeros, salen a la palestra mediática con cuentos de Jaimito. Nos quieren hacer creer que el número de pederastas en la Iglesia no es superior al del resto de la sociedad y que hay una campaña orquestada por no se sabe quién para desprestigiar a la bimilenaria empresa dedicada al pastoreo de almas y a la venta de humo. La única campaña orquestada es la que montan ellos, los obispos, contra el aborto, contra los matrimonios de gays y lesbianas y contra todo lo que no les pete a los del ropón. Si uno quiere hacerse chorizo, lo lógico es que se una a una banda de delincuentes. La sociedad anónima de ladrones proporciona protección, cursillos sobre las últimas técnicas y descuentos en el economato para adquirir palanquetas, ganzúas, cheiras, pistolones y capuchas Nike. Si lo que le mola a uno es esconder el dinero negro y no pagar un duro a la hacienda pública, lo que procede es unirse a un grupo de profesionales del trile para que le coloquen los dineros en los paraísos fiscales de Panamá, las Islas Marshall o Dominica. Tendrá garantizado el secreto profesional y un trato personalizado de calidad; podrá seguir gürtelando a su antojo y presentarse a las próximas elecciones con una hoja de servicios lavada con Ariel triple acción y oliendo a Mimosín o al frescor salvaje de los limones del Caribe. ¿Y cuál es el paraíso terrenal de un pederasta? La Iglesia. ¿Por qué? Porque los padres envían a sus hijos a los colegios religiosos y a las misas y a las catequesis creyendo que están en buenas manos; y para un pederasta, que le lleven los niños es como soltar una zorra en un corral. El paraíso. Y si al cura tocaniños lo pillan, sabe que tiene garantizado el secreto: la honorable sociedad ha jurado el código de honor: la omertá, la ley del silencio. Por ese motivo hay muchos más paidófilos en la Iglesia que en cualquier otra organización; porque son pervertidos pero no imbéciles y saben a qué organización asociarse para cometer sus abusos con mayor impunidad. Es de cajón.

Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 16/7/2010

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