Hay cosas tan de sentido común, tan fáciles de entender, que parece mentira que el Papa, un tío listo, que sabe alemán, latín y griego y la tabla del nueve, la más difícil, no las entienda. Cada día, él y sus palmeros, salen a la palestra mediática con cuentos de Jaimito. Nos quieren hacer creer que el número de pederastas en la Iglesia no es superior al del resto de la sociedad y que hay una campaña orquestada por no se sabe quién para desprestigiar a la bimilenaria empresa dedicada al pastoreo de almas y a la venta de humo. La única campaña orquestada es la que montan ellos, los obispos, contra el aborto, contra los matrimonios de gays y lesbianas y contra todo lo que no les pete a los del ropón. Si uno quiere hacerse chorizo, lo lógico es que se una a una banda de delincuentes. La sociedad anónima de ladrones proporciona protección, cursillos sobre las últimas técnicas y descuentos en el economato para adquirir palanquetas, ganzúas, cheiras, pistolones y capuchas Nike. Si lo que le mola a uno es esconder el dinero negro y no pagar un duro a la hacienda pública, lo que procede es unirse a un grupo de profesionales del trile para que le coloquen los dineros en los paraísos fiscales de Panamá, las Islas Marshall o Dominica. Tendrá garantizado el secreto profesional y un trato personalizado de calidad; podrá seguir gürtelando a su antojo y presentarse a las próximas elecciones con una hoja de servicios lavada con Ariel triple acción y oliendo a Mimosín o al frescor salvaje de los limones del Caribe. ¿Y cuál es el paraíso terrenal de un pederasta? La Iglesia. ¿Por qué? Porque los padres envían a sus hijos a los colegios religiosos y a las misas y a las catequesis creyendo que están en buenas manos; y para un pederasta, que le lleven los niños es como soltar una zorra en un corral. El paraíso. Y si al cura tocaniños lo pillan, sabe que tiene garantizado el secreto: la honorable sociedad ha jurado el código de honor: la omertá, la ley del silencio. Por ese motivo hay muchos más paidófilos en la Iglesia que en cualquier otra organización; porque son pervertidos pero no imbéciles y saben a qué organización asociarse para cometer sus abusos con mayor impunidad. Es de cajón.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 16/7/2010
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