Hace años yo era un consumidor empedernido de televisión. Me tragaba series, programas de humor, telediarios, concursos y teletiendas. Pero un día dejé de hacerlo, sin saber por qué. Tal vez tuvo que ver con que me trasladé a Alemania por asuntos de trabajo y desconocía el idioma. Tan poco entendía que me pegué varias semanas enchufado a una cadena intentando pillar alguna de las tres palabras alemanas que conocía, aprendidas escuchando el Arremójate la tripa de de Labordeta: gutentagen, aufidersen y chuligó; hasta que un amigo me informó de que la cadena que yo sintonizaba no era alemana sino turca. Total que le fui perdiendo afición a la cosa y a mi regreso a España han sido contadas las ocasiones en que he enchufado el televisor. El domingo fue una de esas ocasiones. Me tragué la ceremonia de los Goya de principio a fin. Primera y última vez. Estuvo bien el discurso del presidente Alex de la Iglesia. Habló de modestia, de no mirarse el ombligo, de que el cine no es importante, que lo importante es el médico que salva una vida. Bonito brindis al sol. Viendo el patio, el de butacas, la modestia no se vio ni por el forro de los vestidos de las señoras. Mayor culto al ego, a la imbecilidad disfrazada de Dior, es imposible encontrarlo. La exhibición del floripondio y el complemento. Pasto para que al día siguiente los medios de comunicación nos hablen de la elegancia de Conchita, lo gorda que está Victoria, del mal gusto de Pilar y del escote palabra de honor de Julia. Los tíos apenas suscitan comentarios, salvo que se vistan de “alternativo” como el Óscar Jaeneda. Resulta chocante que las organizaciones feministas, que tanto se meten, y con razón, con la utilización de la mujer como florero, ante una exhibición que se parece a las ferias ganaderas, no hayan abierto la boca, sino que incluso participan en el circo carnavalesco. ¿Qué pintaba en esa fiesta Leire Pajín, vestida de socialista obrera española con traje de Hannibal Laguna? Que yo sepa ni es directora, ni fotógrafa, ni montadora, ni guionista, ni decoradora, ni carpintera de rodaje ni encargada del catering. A no ser que considere sus montajes y sus pésimos guiones de partido como una parte de la ficción. Pura comedia. O tragedia. Según se mire.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 21/2/2010
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