viernes 11 de diciembre de 2009

Hakuna matata

Si los partidos políticos tuvieran que funcionar con las cuotas de los afiliados, no tendrían ni para pagar la tinta de los panfletos. El resto, coches con asientos de cuero y cristales tintados, restaurantes de postín, hoteles guachis, viajes en AVE por el morro, chóferes y choferesas, planes de pensiones, ordenadores y Blackberry de última generación, se lo pagamos sus patronos, es decir, usted y yo, los ciudadanos de a pie. La política debe de ser de las pocas actividades donde el empleado manda más que los dueños de la empresa. Nos cuentan lo que quieren, no practican ningún tipo de transparencia, se asignan los salarios sin consultarnos, los mantienen en la oscuridad y en lugar de publicarlos en un apartado de su página web, si sus patronos queremos saber lo que cobran, debemos bucear entre legajos, BOE, BOA y BOP, cuando muchos de ellos, nuestros empleados, no tienen ni siquiera el BUP. Vamos, que no son ni Tolomeo ni Hipatia de Alejandría—por cierto, qué chunga le ha salido la peli al Amenábar— Cuando les pedimos explicaciones, recurren a mil estratagemas para engañarnos; incluso últimamente tienen la desfachatez de convocar ruedas de prensa en las que no se pueden hacer preguntas. En cualquier acto, siempre les reservan los mejores sitios, las primeras filas, asistan o no asistan y nosotros, sus patronos, debemos quedarnos en la calle o subirnos al gallinero. Y si hay que sacar entrada, ellos no hacen cola. Con frecuencia, colocan a sus familiares y amiguetes sin consultarnos. Libre designación lo llaman. El mundo al revés. Los únicos que estamos legitimados para designar libremente somos nosotros, la patronal. Se han invertido los papeles: tradicionalmente eran los empresarios los que explotaban a los trabajadores, los que hacían chanchullos y metían mano a la caja. Pero ahora no. Por cualquier parte te sale un Gürtel, un Santa Coloma de Gramenet o una María Victoria de la Muela, lo que me plantea una duda: ¿los ladrones nacen o se hacen? Si les preguntamos a nuestros empleados, los políticos, nos contestarán a lo Rey León. Akuna matata. No pasa nada. No hay problema, Bwana.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 11/12/2009

domingo 6 de diciembre de 2009

Los dones

¿Es imprescindible que Zapatero hable idiomas para presidir la UE? “No es imprescindible”, asegura Diego López Garrido, secretario de Estado para la Unión Europea. ¿Acaso alguien esperaba que López Garrido contestara otra cosa? Pregúntele a Alfredo Sáenz, el segundo espada de Botín, si cree que el Banco Santander practica la usura. ¿Qué les contestará? Correcto, el bingo es correcto, ¿algún otro bingo más? Un presidente, preside y para presidir basta con la mera presencia en la presidencia. Dejemos los idiomas para los becarios, los administrativos, los botones de hotel y los camareros de los chiringuitos de playa. Presidir es un don, como lo es ser adivino o zahorí. Los dones no se aprenden; la Madre Naturaleza o el Poder Divino los concede a unos y no a otros. Por algo será. Al igual que no existen academias de zahoríes o institutos de adivinos, en los que se adquieran los conocimientos necesarios para adivinar o para que un palo tiemble cuando hay agua en el subsuelo, no hay escuelas para aprender a presidir. Los dones, cuando se reciben, se reciben completos. O se tiene o no se tiene el don. No existe tal cosa como un medio adivino o un medio zahorí. Como tampoco una mujer puede estar medio preñada ni un ciudadano puede medio votar. O todo o nada. No es necesario reciclarse, ni estudiar para adquirir nuevos conocimientos, ni nada de nada. El donante del don ya se encarga de actualizar por ciencia infusa todo lo necesario para estar al día. Lo más seguro es que, mientras el receptor duerme o está de vacaciones, el donante aproveche la ocasión para enviarle las actualizaciones al disco duro. Nada de lo donado sobra y nada le falta al receptor del don. Si los idiomas no se han incluido en el paquete es porque no son necesarios. Un presidente no habla; si lo fundamental fuera hablar, se le llamaría hablante; si se le denomina presidente es porque se espera de él que presida. Hay verbos que expresan una acción pero otros se caracterizan por todo lo contrario: no requieren hacer nada. Reinar y presidir son de los últimos. Sirvan estas dos oraciones como ejemplos: El retrato de José Luis presidía la sala y en el palacio de Juan Carlos reinaba el silencio. Ya me dirán para qué sirven los idiomas en esas circunstancias.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 6/12/2009

sábado 5 de diciembre de 2009

El Estado como chiringuito

Hace unos días, el Partido Comunista de España eligió a su nuevo secretario general, José Luis Centella. Con ese nombre de capitán intrépido, de héroe de tebeo, el hombre defrauda cuando se le oye hablar. Seguro que no gana ningún premio de oratoria. He escuchado su discurso tras ser elegido, y de la mitad de lo que dice no me he enterado, a pesar de que lo he repetido cuatro veces en el Youtube. No se le entiende ni pijo. Tampoco ha estado muy brillante contestando a las preguntas en el foro de un periódico digital. Preguntado si Cuba es una dictadura y si respeta los derechos humanos, el señor se va por las ramas y contesta que “Cuba tiene mucho que enseñar al resto del mundo” y que “mientras Cuba exporte médicos y maestros cuando España y los EE.UU. exportan soldados y armas, yo me siento muy orgulloso de ser amigo de Cuba”. También dice que la semana próxima se irá de vacaciones privadas a Cuba. Me parece perfecto y Cuba no es un mal sitio para ir de vacaciones pero tal vez no es consciente de que el 99.99 por ciento de los cubanos no pueden libremente hacer lo mismo que el señor Centella: irse una semanita de visita privada a España. La única manera que tienen los cubanos de salir de la isla es en patera o en una balsa fabricada con neumáticos viejos. Arriesgando su vida. Es cierto que Cuba ha sido sometida a un bloqueo terrible, pero eso no justifica de ninguna manera que no se celebren elecciones libres y que la jefatura del Estado sea el chiringuito de los Castro, un negocio familiar que se hereda entre hermanos. Con esa manera de pensar del señor Centella, lo único que conseguirá es que su partido, el PCE, siga siendo una célula de amiguetes, de nostálgicos, y que muchos ciudadanos de izquierdas se alejen de organizaciones en las que el Partido Comunista de España quiera ejercer su dominio. Ser de izquierdas, en mi opinión, es ante todo ser objetivo: reconocer las barbaridades y las injusticias en todas partes. Criticar al capitalismo, por salvaje e insolidario; y también a los regímenes cubano, coreano y otros terminados en ano, que desprecian y violan los más elementales derechos de las personas. No me gustan las ideas de Centella. Ni su chispa.
Evaristo Torres Olivas. Villarquemado
DdT 5/12/2009