No sé si es culpa de nuestro sistema educativo, pero con mucha frecuencia fallamos en nuestra comprensión lectora. Leemos textos y sacamos conclusiones equivocadas. Nos alarmamos sin necesidad. Sirva este ejemplo leído en una cajetilla de cigarrillos: “Su humo es malo para sus hijos, familia y amigos”. Está bien claro, pero nosotros lo interpretamos erróneamente y nos alarmamos. El humo, nuestro humo, no es malo para nosotros, ni para quienes no sean ni hijos ni familiares ni amigos. Tampoco es malo para nuestras mascotas. Así que lo profesores pueden fumar en las aulas siempre que no haya algún hijo suyo en la clase. Podemos ir al bar, al cine o a misa y fumar cuando no nos acompañen familiares o amigos. Y si nos acompañan, los únicos que no podemos fumar somos nosotros, porque la cajetilla dice “su humo”. El de los demás es inocuo. Nos podemos meter en la caseta del perro y fumar tranquilamente con nuestro animal doméstico. Incluso podemos evitar alejarnos de hijos, familiares y amigos si nos tragamos el humo. Como dice el dicho que me acabo de inventar, “si se nos suben los humos a la cabeza, a nadie perjudicamos”. Así que, si has interpretado el texto de la cajetilla de tabaco de otra manera, me da mala espina, lubina, tas colao, bacalao. Hay que evitar el abuso, Ayuso. Chao, pescao.
Evaristo Torres Olivas
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