“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

domingo, 1 de marzo de 2026

CACA, PEDO, PIS

 No me gusta ver negros por los pueblos y ciudades de España. Tampoco moros. Se me revuelven las tripas al pasar por algunos barrios abarrotados de extranjeros que hablan idiomas que no entiendo. Me sublevo cuando veo a mujeres de otros países, Kellys, limpiando en hoteles y casas particulares. Se me hace un nudo en la garganta cuando compruebo que muchas, muchas mujeres que cuidan a nuestros ancianos son rumanas y magrebíes.   Lo primero que pensarán es que soy racista, sexista y xenófobo. Se equivocan. Yo no fui un MENA (Menor Extranjero No Acompañado), pero sí un MEA (Menor Extranjero Acompañado) en el París de los años sesenta. Mi mejor amigo era un moro, el morico Amid como lo llamaba mi madre. Vivíamos en un sórdido callejón abarrotado de extranjeros que hablaban idiomas que no entendíamos. Solo había un niño francés: el hijo del dueño de las minúsculas e inhóspitas habitaciones que alquilaba a los inmigrantes. Mi padre y mi madre, al igual que el resto de los vecinos venidos de otros países, desempeñaban trabajos que no querían los franceses: limpiar casas, barrer calles, la sección de fundición en fábricas de automóviles. Formaban parte del grupo de los PIS (Persona Injustamente Sometida) y los PEDO (Persona Explotada Dominada por Ogros). Cinco años más tarde me convertí en un CACA (Crío Acompañado Camino de América). Nos trasladamos a Montreal, Canadá. Allí me enamoré por primera vez, a los once años, de Nancy, la hermana negra de mi amigo negro, Michael, el negrico como lo llamaba mi madre. Pero seguí siendo un MIERDA (Menor Inmigrante Español que Recuerda a Aragón). Nadie abandona su tierra por capricho sino por necesidad, porque en su país hay dictadores y dirigentes sin escrúpulos o potencias extranjeras que esquilman los recursos naturales y someten a los habitantes al hambre y la miseria. Los obligan a abandonar sus raíces y los convierten en MENAS, MEAS, PEDOS, PIS, CACAS Y MIERDAS.  

Evaristo Torres Olivas

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