Si una carretera está llena de baches, nos quejamos. Si el albañil coloca la ventana al revés, protestamos. Si Hacienda nos envía cartas en chino mandarín, echamos pestes. Pero si una tienda rotula sus ofertas en inglés, nos callamos. Basta recorrer a pie la distancia entre la plaza Domingo Gascón y la plaza San Juan para ver la cantidad de tiendas con nombre y anuncios en inglés. Si estuvieran en euskera, catalán o gallego, la protesta sería enorme. Sin embargo, me atrevo a afirmar que el nivel de dominio del inglés de la población en general es muy bajo. Pero, por lo visto, el inglés da prestigio y permite subir los precios. Hay algo todavía peor que lo anterior: mezclar y hacerlo con faltas intolerables en ambos idiomas. En las fotografías que acompañan a esta columna podemos comprobar las aberraciones que se cometen. Y todas en un mismo establecimiento. En la primera, vemos una oferta de trabajo: cuatro errores en apenas dos líneas. El uso de la arroba para sustituir vocales y englobar géneros no es aceptable. Tampoco lo es poner un punto en un rótulo cuando las frases aparecen separadas y ocupan una línea propia. Se podía haber escrito currículum, currículo o curriculum vitae, pero se ha optado por la única forma no aceptada: “curriculun”. La perla viene al final: si alguien está interesado o interesada en optar al puesto de cocinero o cocinera, debe enviar un “wassapt”. En la segunda foto, nos informan de que “al medio día solo se puede pedir menú del día”. Más grave hubiera sido decir que a media noche no se puede circular en carri coche. Donde no se equivocan es en los precios: el menú diario cuesta 17 euros. Si es festivo, fin de semana o puente, el precio por el mismo menú es una cuarenta por ciento más caro. No sería de extrañar de que, en ese bar, en la carta figure el vermuz con yelo o el Drai Martini. Por aparcar mal o fuera de horas, te multan; aparcar mal las palabras en renglones torcidos no tiene ninguna sanción.
Evaristo Torres Olivas
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