Siguiendo con la meritocracia, otro de los motivos por el
que las mujeres no han ocupado tradicionalmente puestos en la cúspide de las
organizaciones es debido al pensamiento de machito que considera a la mujer no
apta para ciertos puestos. ¡Cómo va una mujer a poder ocupar el puesto de
directora de fabricación de una empresa de coches! En todo caso, servirá para
hacer anuncios del coche cuando se ponga en venta. En mis muchos años de
experiencia en empresas españolas y multinacionales, solo en una ocasión una
mujer ocupaba la jefatura de un departamento considerado cosa de hombres, como
el coñac Soberano. Pero era directora
de la fábrica porque su padre era dueño del chiringuito y director general. En
el único departamento en el que se aceptaba la presencia de mujeres en la
cúspide era en Recursos Humanos, debido a que se consideraba un departamento de
segunda en el que se creía que las mujeres eran más aptas. Por la misma razón por
la que se considera que las mujeres son más aptas para ejercer la profesión de
enfermería. Pero el resto de funciones de una empresa son cosa de machotes de
pelo en pecho. En mis muchos años de responsable de Recursos Humanos, he tenido
jefes y jefas. Dos jefes y dos jefas. Un excelente jefe con el que aprendí
mucho y otro que era un inútil incompetente que hizo que me fuera a otra
empresa. Lo mismo me pasó con las mujeres: una mujer inteligente, con mucha experiencia,
justa y excelente comunicadora. Y otra, un cero pelotero patatero. Hablando de
estas cosas con unas amigas en días pasados, ante la proximidad del 8M y lo
mucha que queda por hacer, algunas decían que, si muchos hombres ocupan puestos
para los que no están capacitados, tampoco pasa nada si mujeres ocupan puestos
para los que tampoco están preparadas. La igualdad es eso también, lo bueno y
lo malo, todo al cincuenta por ciento. Un pensamiento lógico pero terrible. Yo
soy defensor de la paridad en todos los ámbitos y me parece justo, por ejemplo,
que las listas electorales sean paritarias. Pero formadas por personas
competentes, con experiencia demostrada previa a meterse a presidir
ayuntamientos, formar parte de diputaciones, congresos o senados. Colocar a
incompetentes en puestos de responsabilidad da lo mismo que sean chicos, chicas
o chiques: un derroche de dinero público
y un daño enorme para los ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes.
Evaristo Torres Olivas

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