“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Lambán y los mancusos

 Hay personas dotadas con unas facultades intelectuales tan privilegiadas que no es de extrañar el puesto que ocupan. Algunos incluso están infravalorados y podrían ocupar un puesto mucho más elevado. Es el caso de nuestro presidente de Aragón, don Javier Lambán Montañés. Según nos informa la prensa, hace unos días nuestro presidente visitó al papa Francisco en el Vaticano. La audiencia, reunión o como se quiera llamar, “duró cerca de veinte minutos”. La capacidad de observación y síntesis de Lambán es tal que en ese corto espacio de tiempo, que a la mayoría de las personas solo nos daría para decir nuestro nombre y apellidos, fue capaz de comprobar “la altura moral, sencillez y manera tranquila de comunicar” del pontífice. Por si fuera poco, también le dio tiempo para hacer un “un repaso por cuestiones de la actualidad del mundo y de España”. Del mundo mundial, entero, y de España. Y aún le sobró tiempo para que el papa le dijera a nuestro presidente que su abuela le cantaba de niño esta letrica de una jotica: “La virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa que quiere ser capitana de la tropa aragonesa”. Pero todo lo anterior no eran los auténticos motivos de la reunión. Lo que Lambán quería, con sus grandes dotes de orador, era compartir con Francisco “la conmemoración de lo que fue el arranque del Reino de Aragón, cuando el rey aragonés Sancho Ramírez visitó al papa Alejandro II para el pedirle que legitimara políticamente al naciente reino”. Y regalarle al papa Francisco dos mancusos. Pero, además, a Lambán le acompañó el arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano Subías que, aunque fuera poco, algo diría y algunos minutos de los veinte consumiría. En definitiva, Lambán es un portento, un fuera de serie, un maestro en decir mucho en apenas unos minutos. Concluiré con una jotica: En Teruel no hay tren, tampoco tenemos metro, llamaremos a Lambán y lo arregla en un momento.

Evaristo Torres Olivas

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