“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

lunes, 7 de febrero de 2022

Cosas que no se pueden tolerar

 Que bajan los salarios y sube el precio de los alimentos está mal, pero con comer menos, asunto arreglado. Que suben los alquileres, pues nos apretamos un poco más en la casa de los padres o de los abuelos y asunto resuelto. Que crece el paro juvenil, pues que nuestros jóvenes se vayan a trabajar a Francia, Alemania o a Estados Unidos y se acabó el problema. Que los catalanes y vascos atacan a nuestra España querida, perdónalos Señor que no saben lo que hacen. Pero hay cosas que no se pueden consentir. De ninguna manera. Nunca. Todo tiene un límite. Atacar la remolacha, por ejemplo. O decir que el azúcar es veneno. Y, sin embargo, “la remolacha ha sido atacada” y “ahora vienen a decir que el azúcar es veneno”. Pablo Casado, el valiente presidente del Partido Popular se ha atrevido a decir lo que todos pensamos y no nos atrevemos a confesar, por miedo, vergüenza o cobardía. Para no alarmarnos, le ha echado un poco de humor, tipo el Club de la Comedia o los monólogos de Gila. Alguien ha atacado la remolacha, y no me gusta señalar. O alguien ha dicho que el azúcar es veneno, y no miro a nadie. Pablo Casado es muy gracioso y estoy convencido de que el posgrado de cuatro días de la Universidad de Harvard de Aravaca versaba sobre el arte de hacer el ganso frente a un micrófono. Afortunadamente, gracias a los arrestos del señor Casado y la denuncia del ataque a la remolacha, se han podido prevenir otros ataques que lo más seguro tenían previstos los enemigos de la patria. De esta manera, brócolis, rábanos y coles se han salvado. No es la primera vez que Casado coge el rábano por las hojas y hace el ridículo. La cosa tendría su gracia si se tratase de una actuación en un teatro de su pueblo frente a sus amigos y familiares, pero Pablo Casado aspira a ser el presidente del Gobierno. Como discípulo de Aznar, quien dejó claro que nadie le puede decir a él las copas de vino que pude beber, y de Mariano Rajoy, que se opuso con firmeza a la subida del IVA de “los” chuches, Casado no tolera que se ataque la remolacha y que se diga que el azúcar con el que se fabrican “los" chuches es veneno. Deberían hacer los tres un tributo a Gaby, Fofó y Miliki. Lo petaban.

Evaristo Torres Olivas

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