“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

miércoles, 21 de junio de 2017

Heidelberg

Hubo un tiempo en el que seguía a Juan Carlos Monedero. Me parecía un personaje interesante: un profesor con gafitas, un intelectual que había estudiado en Alemania, nada menos que en Heidelberg,  en la universidad de Hegel, Jaspers, Weber, Habermas y otros muchos. Pero poco a poco me ha ido decepcionando el personaje. Se mete en berenjenales de los que luego no sabe salir o dice simplezas y obviedades que nos hacen pensar que las enseñanzas recibidas en la universidad alemana hace tiempo que se le olvidaron. Su última tontada la ha colgado en las redes sociales, con este tweet: “Ojalá que cada vez que mueran trabajadores en el tajo, como Iván Fandiño, les escriban los Reyes, abran los telediarios y sean homenajeados”. Que a Monedero no le gusten los toros no se le puede poner reparos. A mí tampoco me entusiasman, pero que cuestione que la muerte de un torero abra un telediario no se entiende. Supongo que habría dicho lo mismo si hubiera muerto un boxeador, o un cazador. Y si el muerto hubiera sido un jugador de tenis, o un jugador de fútbol, ¿estaría bien que apareciera en los telediarios y que los reyes enviaran un telegrama? Muchos trabajadores sufren a diario accidentes de trabajo y algunos mueren y solamente aparecen en unas estadísticas, pero si mañana le pasara cualquier cosa a Monedero o a Pablo Iglesias, a Rajoy o a Susana Díaz, aunque fuera algo sin mucha trascendencia, como sufrir una caída o recibir un huevazo, aparecería en todos los medios de comunicación, en las redes sociales y hasta en la hoja parroquial. Y lo mismo pasaría con personajes tan poco ejemplares como el pequeño Nicolás, los chorizos de la Gürtel o cualquier famosillo que aparece en los programas de telechorra y telemierda. Pero a don Juan Carlos solo le molesta que se comente la muerte de un torero. Todos los días mueren de hambre o por las guerras miles de niños y adultos  sin que se diga nada. Yo sufrí un infarto hace seis años exactamente, el 22 de junio de 2011 y solamente se enteraron mis familiares y amigos.; pero si le pasara lo mismo a Monedero (no se lo deseo, es una simple suposición) estoy seguro de que se enteraría todo dios y tendríamos información al minuto sobre la evolución de la enfermedad, más o menos como cuando murió Franco y el “equipo médico habitual” informaba al país cada cinco minutos. Para pensar como Monedero no hace falta estudiar en  Heidelberg. Muchas personas sin estudios son capaces de razonar mucho mejor y no se dedican a contar sandeces en las redes sociales.

Evaristo Torres Olivas 

2 comentarios:

Jose Francisco Luz Gómez de Travecedo dijo...

Querido amigo. Suscribo lo dicho. Creo que un sólido intelectual debe ser un tanto descreído y colocarse más allá del topico, de los lugares comunes. Debe huir de toda adulación y servir a la verdad por más que sea la propia. Virtudes que no observó en Monedero. Sobre todo, cuando afirma que a la muerte
de Chávez sintió que un Orinoco de lagrimas corría por su rostro. Omito cualquier referencia a sus quehaceres financieros que son un además.

Anónimo dijo...

Las críticas que le hacéis están bastante fundamentadas. Pero saliendo del personaje, que no es lo importante, hay un hecho repugnante que llevamos observando toda nuestra vida: los reconocimientos a toreros, policías, políticas y políticos de cierto nivel, famosas y famosos -en general, etc... cuando mueren.

Precisamente porque cuando mueren inmigrantes intentando escapar del horror son -como mucho una cifra-, porque cada vez que una obrera se cae del andamio nadie le hace ni puñetero caso, por las 1000 y pico muertes de trabajadoras y trabajadores que se dan anualmente... hay que decir (al menos): o todas y todos o nadie.
Si se reconoce, que se aplique lo mismo con todo el mundo y, si no, pues menos homenajes siempre a los mismos tipos de personas... que las demás no son menos que ellos... ni más tampoco.