“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto
es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio
y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas
pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo,
lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal
en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa,
que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
-Horacio Verbitsky,
periodista y escritor argentino

viernes, 13 de septiembre de 2013

58 escalones(1)

Mucho se habla del despilfarro de los políticos manirrotos que funden nuestros dineros alegremente en proyectos descabellados. Aeropuertos que no son necesarios, plazas de domingos gascones y luminarias de los toricos. Obras que cuestan un huevo y que no tienen ninguna utilidad. Se habla menos de las meteduras de pata y del malgasto en los sitios pequeños. Tal vez porque las cuantías derrochadas no son tan escandalosas como las que se producen en instituciones mayores.  Frente a los cientos de millones tirados al pozo en la construcción de un aeropuerto de Ciudad Real, apenas tiene relevancia fundir unas decenas de miles de euros en obras inútiles en un pueblo. Pero claro, si se suman todas las decenas de miles en los cientos de pueblos, las sumas quemadas alegremente pueden ascender a cifras escandalosas. Les voy a poner un ejemplo de proyecto absurdo. Un pueblo que no llega a los mil habitantes. Tiene frontón, casa de cultura, casa de juventud, cine, sala de exposiciones a la que llaman museo, ludoteca, espacios para asociaciones. Hay locales públicos más que suficientes. En exceso, incluso.  En el llamado museo, en los últimos siete años, no se han programado más de media docena de exposiciones. La lógica, la racionalidad y las buenas prácticas de gestión aconsejan utilizar los recursos  eficientemente. Para ahorrarse gastos de mantenimiento, calefacción, etc., lo más indicado es concentrar las actividades en pocos locales y que estos sean polivalentes. Pues en ese pueblo, con todos los locales que tiene, los lumbreras que lo dirigen no han dudado en acondicionar otro espacio con dinero público: una sala de exposiciones. Otro “museo”.  Casi la mitad de la población del pueblo supera los 50 años de edad. Un tercio tiene más de 65 años. Más de cien personas exceden los 80 ¿Y dónde han ubicado la nueva sala de exposiciones? En la planta más elevada del edifico más alto del pueblo. Y sin ascensor. En una planta abuhardillada que impide que se puedan colgar cuadros en las paredes. Para acceder a ese desván no hay 39 escalones como en la película de Hitchcock sino 58. Ah,  eso sí, hay una rampa de acceso en la calle que conduce a quienes van en silla de ruedas hasta el primero de los 58 escalones. Surrealista.   Parece una obra de tebeo, de las de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio, pero es la pura realidad. Seguro que los lectores podrán poner otros ejemplos de barbaridades semejantes en sus pueblos. Ejemplos de incompetencia y de derroche. Y de falta de respeto a las personas mayores o a las que tienen dificultad para subir escaleras. Cincuenta y ocho.

Evaristo Torres Olivas